San Miguel de Sinnada nació en el seno de una familia rica y sin hijos en la localidad de Sinnada, hoy Qifut-Kasaba, metrópoli de Frigia Salutare, hacia el año 750. Sus padres obtuvieron su nacimiento mediante la oración dirigida a san Michele, y por esta razón le dieron el nombre del arcángel. Tras completar buenos estudios en su lugar natal, el joven se dirigió a Costantinopoli, donde trabó amistad con Teofilatto, secretario particular del patriarca Tarasio, quien ejerció el patriarcado desde el 784 al 806. Ambos jóvenes abrazaron la vida religiosa en un monasterio fundado por el futuro patriarca Niceforo I sobre la orilla asiática del Bosforo. Posteriormente, el patriarca Tarasio los llamó para nombrarlos skevofilacti, es decir, custodios de los vasi sacri, y los ordenó sacerdotes. Poco después, Michele fue elegido como metropolita de Sinnada, su patria, participando en el segundo concilio de Nicea en el 787 durante las dos últimas sesiones, donde firmó la profesión de fe. Su vida estuvo marcada por importantes misiones diplomáticas y por una firme defensa de la fe cristiana.
A lo largo de su existencia, San Miguel de Sinnada destacó como uno de los más válidos defensores de la ortodoxia contra la herejía iconoclasta. Su fama de hombre hábil en el trato de los asuntos llevó al emperador Niceforo I a enviarlo a Bagdad para negociar la paz con Harùn-al-Rasid en el 806, logrando obtenerla de modo honorable, aunque la paz duró poco porque el emperador faltó a sus compromisos. Durante el reinado del emperador Michele I Rhangabé, que gobernó desde el 811 al 813 y deseaba la intesa con l'Occidente, el soberano recibió favorablemente una embajada de Carlo Magno y respondió enviando una misión oficial guiada por Michele en el 811. Michele entregó al papa Leone III una carta del patriarca Niceforo que anunciaba su nombramiento y se disculpaba por el retraso. Los embajadores griegos fueron bien acogidos por Carlomagno, y este firmó un tratado con ellos en el 812. De paso por Roma, Michele trabó amistad con un monaco errante originario de Creta llamado Gregorio, a quien condujo consigo al regreso para establecerlo en el monastero del capo Acritas, donde las víctimas de Gregorio lo hicieron venerar como santo. Cuando el emperador Michele Rhangabé fue vencido por los búlgaros, depuesto y sustituido por Leone V l'Armeno, quien reinó desde el 813 al 820 y desencadenó la persecución contra el culto de las imágenes, convocando una gran conferencia en diciembre del 814 para prohibir dichas imágenes, Michele figuró entre los valientes oradores que defendieron la doctrina ortodoxa. Sufrió las medidas represivas: el patriarca Niceforo fue depuesto y exiliado en marzo del 815, y poco después Michele fue internado en la fortaleza de Eudossiade, conociendo en adelante muchas otras prisiones. La muerte de Leone V el 25 de diciembre del 820 le devolvió la libertad, aunque no pudo regresar a su diócesis. Falleció el 23 de mayo del 826, probablemente en la costa de Asia frente a Costantinopoli, siendo asistido en sus últimos instantes por su amigo san Teodoro Studita, quien entonces vivía en la península de san Trifone y relató estos momentos a sus monjes en una catequesis.