6 de noviembre
Beati Mártires Españoles Frailes Menores Conventuales de Granollers
Beatificados en 2001
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y presencia en España
Los Frati Menores Conventuali representan el ramo originario de la Orden que fue fundada por San Francisco d'Assisi en el año 1209. A lo largo de los siglos, este instituto religioso ha tenido la sagrada encomienda de custodiar la tumba de San Francisco en Asís y también la tumba de Sant'Antonio en Padua. En la península ibérica, la presencia de los Frati Menores Conventuali se remonta al siglo trece, época en la cual se consolidó la fundación de grandes y relevantes conventos en el territorio español. Sin embargo, en el año 1567, bajo el reinado de Filippo II, los conventos españoles de la orden sufrieron una completa supresión debido a los intereses ilícitos manifestados por algunos cortesanos de la época. Hubo que esperar hasta el año 1905 para que se concediera nuevamente a los frailes la autorización necesaria para edificar un nuevo convento en Granollers, en las cercanías de Barcelona. Los religiosos iniciaron sus actividades en Granollers abrigando grandes esperanzas, numerosos proyectos apostólicos y firmes perspectivas de desarrollo para la Orden dentro de la región catalana.
El martirio y la persecución
Durante los años treinta del siglo veinte, el estallido de la guerra civile española entre los años 1936 y 1939 alteró drásticamente la vida de la comunidad, en la cual residían seis frailes en el convento de Granollers. El diecinueve de julio del año 1936, como consecuencia directa de la sollevazione militar, los autores del cambio político hicieron irrupción violenta en el convento bajo el pretexto de buscar armas ocultas. No habiendo encontrado ningún tipo de arma en el recinto, los revolucionarios expulsaron a los religiosos de la estructura con graves y explícitas amenazas contra sus vidas. Los frailes expulsados buscaron y consiguieron encontrar refugio provisional en las casas de vecinos y amigos de la zona de Granollers. Aquel periodo de nascondimento de los frailes duró poco más de una semana, transcurrida la cual fueron descubiertos. En el contexto profundamente hostil, irreligioso y violento de la España de aquella época, los seis franciscanos fueron encarcelados y posteriormente condenados a muerte únicamente a causa de su inquebrantable adhesión a Cristo. Afrontaron la muerte con notable serenidad espiritual, perdonando explícitamente a sus perseguidores y profesando con firmeza su fe cristiana hasta el último instante.
Los testigos y su memoria
Entre la multitud de los testigos del Vangelo que ofrecieron su vida figuran el Servo di Dio Alfonso López López y cinco de sus queridos confraternidad de la Orden de los Frati Menores Conventuali. Entre ellos se encontraba Miguel Remón Salvador, un religioso profeso martirizado el tres de agosto. Asimismo formaba parte del grupo Modesto Vegas Vegas, un sacerdote que fue martirizado el veintisiete de julio. Dionisio Vicente Ramos, también sacerdote, entregó su vida el treinta y uno de julio, la misma fecha en que sufrió el martirio Francisco Remón Játiva, religioso profeso. Finalmente, el sacerdote Pedro Rivera Rivera selló su existencia terrena con el martirio el primero de septiembre. La tradición y la preghiera de los fieles atribuyen de manera constante a estos seis mártires una profunda y filial devoción a la Virgen María, reconociéndoles además el papel espiritual de ser instrumentos eficaces de reconciliación. El camino eclesial hacia su reconocimiento oficial avanzó cuando, el veintiséis de marzo del año 1999, la Congregazione per le Cause dei Santi promulgó formalmente el decreto sobre el martirio de los seis religiosos. Dicho decreto oficial citaba un significativo paso del profeta Isaías, concretamente del capítulo cincuenta y tres, versículo séptimo, relativo a la pasión y a la humillación, para accostarlo adecuadamente al sacrificio supremo de los mártires.
El testimonio de su fe
La vida de estos religiosos se vio marcada por el rigor de los acontecimientos históricos que sacudieron a España durante el siglo veinte. En un contexto de creciente conflicto, su convento situado en Granollers, cerca de Barcelona, sufrió el impacto de las tensiones sociales y políticas de aquel periodo. Tras una persecución que culminó con la violenta intervención de fuerzas militares en su casa religiosa, los frailes fueron expulsados de su propio hogar. Este acto fue el preludio de un camino de sufrimiento que los conduciría, finalmente, al encuentro definitivo con el Señor.
Tras su expulsión, los religiosos fueron encarcelados y sometidos a un proceso que derivó en una condena a muerte fundamentada exclusivamente en su condición de consagrados. La ejecución capital, llevada a cabo en el contexto de la guerra civil española en mil novecientos treinta y seis, puso fin a sus días terrenales pero selló su pertenencia definitiva a la comunidad de los santos. Su martirio no fue un acto de violencia casual, sino una decisión consciente de mantenerse fieles a su fe y a su identidad franciscana ante las autoridades que buscaban suprimir su labor religiosa. La Iglesia, al reconocer su sacrificio, destaca la entereza con la que enfrentaron el encierro y el veredicto final, convirtiéndose en intercesores para todos los fieles que buscan perseverar en la justicia y en la paz del corazón durante los momentos de adversidad.
Memoria y veneración
El culto a los Beatos Mártires Españoles Frailes Menores Conventuales de Granollers se consolidó oficialmente con su beatificación, celebrada por el Papa Juan Pablo Segundo el once de marzo de dos mil uno. Este solemne reconocimiento permitió que la Iglesia universal acogiera el testimonio de estos hermanos como un modelo de coherencia cristiana. Su memoria es un recordatorio constante de que la fidelidad al Evangelio puede requerir, en circunstancias extremas, el don total de la propia vida como testimonio de la verdad.
Aunque su festividad litúrgica se celebra de manera conjunta cada seis de noviembre, el Martyrologium Romanum también contempla su conmemoración individual en diversas fechas comprendidas entre julio y septiembre. Esta estructura litúrgica permite a los fieles profundizar en la historia particular de cada uno de estos mártires, honrando su trayectoria personal dentro de la orden conventual. La devoción hacia ellos invita a la comunidad a reflexionar sobre la importancia de la libertad religiosa y la necesidad de mantener la esperanza cristiana, incluso en medio de las pruebas más difíciles que la historia pueda presentar.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festejan los Beatos Mártires Españoles Frailes Menores Conventuales de Granollers?
Se les recuerda litúrgicamente el seis de noviembre. Asimismo, son conmemorados singolarmente en el Martyrologium Romanum en los aniversarios de sus respectivos martirios, acaecidos los días veintisiete de julio, treinta y uno de julio, tres de agosto y primero de septiembre.
Cuándo fueron beatificados los mártires de Granollers?
Fueron proclamados beatos por el Papa Juan Pablo II el once de marzo del año 2001, junto con un grupo conjunto de doscientos treinta y tres mártires de la misma persecución religiosa en España.