6 de noviembre
Beati Mártires Españoles Frailes Menores de Granada
Beatificados en 2007
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
El contexto y el inicio de la persecución
Durante el siglo XX, concretamente en el contexto de la guerra civil que afligió a España entre los años 1936 y 1939, los siete frates que componían esta comunidad sufrieron una persecución sistemática. Los religiosos dimoraban en el convento de Fuenteobejuna, situado en la provincia de Córdoba. El 18 de julio de 1936 se constituyó en Fuente Obejuna el comité comunista local, el cual usurpó el gobierno y la administración de la ciudad. Dicho comité palesó fin da subito aperte minacce alla vita religiosa, creando un clima de incesante tensión en torno al recinto monástico.
El 20 de julio por la tarde, los miliziani assalirono il locale convento francescano con el pretexto infondato de trovarvi armi. El guardiano padre Felix ya había sido preavvisato dell'imminente attacco por personas allegadas. Ante el peligro inminente, el prudente superior cercó de mettere in salvo el más anciano de los frati, padre José Azurmendi, inviandolo presso una famiglia amica per sottrarlo alla furia iniziale. Sin embargo, padre José Azurmendi fu presto raggiunto dai rossi, ma egli se consegnò senza resistenza e se riunì alla comunità per condividere la stessa sorte dei suoi confratelli.
Las perquisiciones y la detención prolongada
Los días 21 y 22 de julio se sucedieron nuevas perquisiciones nel convento, sin que los milicianos lograsen encontrar arma alguna. A pesar de la inocuidad de los religiosos, estos sufrieron el trasferimento forzato presso l'ufficio telegrafico de la localidad, donde comenzaron un periodo de privación de libertad. Los frati furono tenuti in detenzione dal 27 luglio al 14 agosto bajo una estrecha vigilancia que presagiaba un triste final. Mientras tanto, el 28 del mismo mes, el convento fu saccheggiato y la iglesia fu profanada por los elementos más radicales.
Durante los días de encierro, los frati iniziarono una novena de preghiere alla Vergine della Regola, pidiendo con confianza celestial la incolumità para toda la comunidad. El 14 de agosto, las autoridades de la detención dispusieron que los frati fossero trasferiti nel palazzo della Marchesa di Valdeloro. Este noble edificio habíase convertido en improvisado carcere per altri detenuti cattolici de la comarca. Los religiosos permanecieron confinados en este palacio hasta el 20 de septiembre, soportando con paciencia evangélica la incertidumbre y el encierro prolongado.
La llegada de Rafael Maltrana y la deportación
El 20 de septiembre, Rafael Maltrana, capo ribelle rosso descritto dalle cronache come particolarmente malvagio e perverso, giunse a Fuenteobejuna. Movido por el temor de perder los prigioneros a causa dell'avanzata dell'esercito nazionale, este líder adoptó medidas drásticas contra los cautivos. Rafael Maltrana giunse con 300 miliziani con el propósito deliberado de portare via tutti i detenuti del carcere e fucilarli sin contemplaciones. Los cinquantasette detenuti, inclusi i sette francescani, non furono condotti davanti ad alcun tribunale per subire un regolare processo.
Esta violenta acción de los milicianos se ejecutó contra el parere dello stesso comitato comunista cittadino, que manifestaba ciertas reservas tácticas. Los miliziani di Maltrana organizzarono il trasferimento dei detenuti ad Azuaga con el único fin de ultimarles. La deportazione avvenne nella notte tra il 20 e il 21 settembre 1936, utilizando para ello sette camion da carico per trasportare ai prigionieri. Los primi sei camion se fermarono davanti al camposanto de Granja de Torrehermosa, donde fueron masacradas cuarentatré personas.
El martirio en Azuaga y el testimonio final
El séptimo automezzo con i religiosi francescani proseguì verso Azuaga sotto stretta sorveglianza dei miliziani, separándoles del grupo anterior. Una vez en el destino, i sette francescani furono rinchiusi insieme nel carcere di Azuaga, donde padecieron una dura prueba. Nel carcere i frati furono sottoposti a pesanti condizionamenti psicologici, minacce, umiliazioni e mortificazioni constantes por parte de sus carceleros. Los miliziani tentarono in vano di indurre i frati a bestemmiare, buscando quebrantar su fe, pero los religiosos replicavano frequentemente alle pressioni gridando con fuerza "Viva Cristo re!".
El martirio de los frailes se consumó en tres distinti momenti a lo largo de aquellos trágicos días. Verso le ore 11 del 21 settembre, padre José Azurmendi fu prelevato dal carcere. Fue condotto a pulire il pavimento della Chiesa del Cristo del Humilladero y, por su avanzada edad, fue erroneamente ritenuto il superiore del gruppo. Padre José Azurmendi fu il primo a cadere sotto i colpi del fucile in un patio del carcere di Azuaga, habiendo rifiutato più volte di bestemmiare e gridando fino all'ultimo "Viva Cristo re!". Su cuerpo, avvolto in una coperta, permitió su posterior identificación y traslado al cementerio local.
Los últimos testimonios y la beatificación
Las ejecuciones continuaron al día siguiente. I padri Luis Echevarría y Francisco Carlés, junto con los frati Antonio Saez de Ibarra, Miguel Zarragua y Simon Rodriguez, furono fucilati insieme ad altri sette secolari. Le fucilazioni avvennero a gruppi di quattro presso il cimitero di Azuaga tra l'una e le tre del 22 settembre, sellando con su sangre la fidelidad al Evangelio que habían profesado durante toda su existencia religiosa.
El martirio de padre Félix Echevarría, superior de la fraternidad, fue el último y el más crudele, paragonato por los testigos al de los protomartiri cristianos. Tratado de retener mientras los demás eran ajusticiados, padre Félix Echevarría declaró fermamente que no avrebbe mai bestemmiato, preferendo cento volte la morte. Ante sus percosse e offese, replicava gridando "Viva Cristo re! Viva la religione!". Condotto fuori dal carcere, a padre Félix Echevarría le fueron amputate le orecchie, strappati gli occhi e tagliata la lingua en un acto de extrema sevicia. No potendo più camminare a causa de las heridas, fu trasferito in barella verso il cimitero, donde finalmente fu finito con un colpo di fucile alla testa e uno alla bocca.
I corpi dei martiri furono inizialmente interrati in una fossa comune nel camposanto di Azuaga, pero gracias a los esfuerzos de sus allegados, fueron identificati il 1 dicembre 1936. Al día siguiente, el 2 dicembre 1936, i corpi furono traslati solennemente a Fuenteobejuna. Años más tarde, Papa Benedetto XVI reconoció formalmente su martirio, culminando el proceso con la solemne ceremonia de beatificazione celebrada en la Piazza di San Pietro en el Vaticano el 28 de octubre de 2007.
El camino hacia el martirio
La trayectoria de estos siete religiosos franciscanos hacia la gloria del martirio estuvo marcada por la persecución y el sufrimiento en el contexto convulso de la guerra civil española. El proceso comenzó con su detención en la localidad de Fuenteobejuna, donde fueron interceptados en el ejercicio de su vocación. Tras su arresto, fueron trasladados a la población de Azuaga, lugar que se convertiría en el escenario de su calvario. En el recinto carcelario de dicho municipio, los frailes sufrieron diversas formas de cautiverio y malos tratos físicos, enfrentándose a una presión constante para que abandonaran su fe y blasfemaran contra sus convicciones más profundas.
A pesar de las torturas y las privaciones padecidas durante su reclusión, los siete frailes mantuvieron una actitud de firmeza espiritual. El momento decisivo ocurrió cuando, ante la exigencia de sus captores de renegar de su fe, ellos respondieron con valentía proclamando la soberanía de Dios. Al grito de Viva Cristo Rey, reafirmaron su adhesión al mensaje cristiano, rechazando cualquier forma de apostasía. Esta manifestación de fe fue la respuesta final que precedió a su ejecución. Entre los días veintiuno y veintidós de septiembre del año mil novecientos treinta y seis, los siete religiosos fueron fusilados, entregando así su vida por amor a Jesucristo. Su muerte no fue un acto de desesperación, sino el cumplimiento de una vida dedicada al servicio del Evangelio, culminada en el sacrificio supremo del martirio, reconociendo al Señor como centro único de su existencia incluso en el trance final de la muerte.
El reconocimiento de la Iglesia
La memoria de los Beatos Mártires Españoles Frailes Menores de Granada fue solemnemente reconocida por la Iglesia universal el veintiocho de octubre del año dos mil siete. En aquella fecha, el Papa Benedicto XVI presidió el rito de beatificación, inscribiendo sus nombres en el catálogo de los mártires que han dado testimonio de la fe en tiempos recientes. Este acto no solo honró la memoria histórica de estos siete hombres, sino que también destacó la relevancia de su sacrificio para la comunidad cristiana contemporánea.
Su conmemoración litúrgica se encuentra vinculada a la memoria de los mártires de la guerra civil española, integrándose en un calendario que invita a la reflexión sobre la paz y la coherencia de vida. El culto a estos beatos se fundamenta en la gratitud por su testimonio, el cual continúa interpelando a los creyentes a mantener la esperanza y la fidelidad, incluso cuando las circunstancias externas parecen contrarias al mensaje de justicia y amor que ellos defendieron. La Iglesia, al elevarlos a los altares, propone su ejemplo como un camino de santidad posible en medio de las dificultades del mundo, recordando que la fe, cuando es auténtica, se sostiene por encima de cualquier tribulación o amenaza física.
Preguntas frecuentes
Quando si festeggia la ricorrenza dei Beati Mártires Españoles Frailes Menores de Granada?
La memoria litúrgica de estos beatos mártires se celebra cada año el 6 de noviembre.