25 de agosto
Beato Eduardo Cabanach Majem
Sacerdote y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La infancia y la vocación
El camino espiritual del beato Eduardo Cabanach Majem comenzó en su etapa escolar cuando entró en la escuela de San Miguel de Molins de Rei en 1923, institución en la que su hermano Ramón ingresó al año siguiente. En aquel ambiente educativo se distinguió como un modelo constante en el estudio, en el comportamiento y en la profunda piedad, participando activamente en la congregación de la Inmaculada y de la Sacra Família, así como en la asociación misionera. Fue precisamente en ese entorno donde maduró su vocación definitiva y la firme elección de abrazar la vida religiosa y sacerdotal. Convencido de su llamada, ingresó en el colegio nazareno de Blanes en 1924 para dar forma a sus aspiraciones espirituales. Poco después, el veinticuatro de septiembre de 1924, vistió el hábito religioso y dio inicio a su noviziato en la escuela de la Sagrada Familia situada en Les Corts, integrándose plenamente en la congregación de los Religiosos Hijos de la Sacra Família. Tras un tiempo de intensa preparación espiritual y de profundización en los estudios de filosofía y teología que despertaron la sincera admiración de sus superiores, realizó su primera profesión el veintiséis de septiembre de 1926. En aquella significativa jornada, se propuso fervientemente tener como modelo constante a Saint John Berchmans y a la propia Sagrada Familia para guiar sus pasos en la vida consagrada.
El ministerio sacerdotal
El camino de servicio del beato Eduardo continuó con diversas responsabilidades dentro de su congregación religiosa. Fue nombrado viceprefecto en Les Corts y posteriormente desempeñó el mismo encargo en Mosqueroles, donde se hizo amar y respetar por todos gracias al excelente trabajo que realizaba siempre impregnado de una gran dulzura, gentileza y un característico buen humor. Su consagración definitiva se selló cuando pronunció su profesión perpetua el ocho de agosto de 1933. Pocos meses más tarde, recibió la ordenación sacerdotal el uno de noviembre de 1933 en la iglesia del seminario comunale de Tortosa, compartiendo aquel momento de gracia con el padre Magín Morera. Pocos días después, el cinco de noviembre de 1933, celebró su primera misa en la iglesia de Jesús, María y José en Barcellona. Su primer destino pastoral llegó en 1934, cuando fue asignado al colegio de los orfani de Sant Julià de Vilatorta, donde asumió además el cargo de vicedirettore de la Congregación mariana. En aquella localidad vivió con sencillez su cotidianeidad como religioso, sacerdote y abnegado profesor, colaborando estrechamente con su hermano padre Ramón en la noble tarea de promover las nuevas vocaciones. Su generosidad quedó patente cuando donó todos sus bienes personales para instituir una borsa di studio destinada a apoyar las vocaciones nazarenas. Posteriormente, fue enviado a desempeñar su labor a la escuela de San Pietro Apostolo de Reus, donde asumió la responsabilidad de director del grupo post-scolastico de la congregación mariana. En esta última etapa en Reus, su devoción mariana, su fervor eucarístico y su sólida pietas personal constituyeron la fuente inagotable de su fortaleza interior para afrontar los crecientes momentos de angustia y la inminente persecución religiosa.
El martirio y la beatificación
La tragedia de la guerra civil española alcanzó al beato Eduardo en 1936 mientras residía y trabajaba en la escuela de Reus. Al ser arrestado por las autoridades revolucionarias, tuvo la precaución y la fortaleza de llevar consigo únicamente su breviario y su santo rosario. Aquellos dos sencillos elementos se convirtieron en sus fieles compañeros de oración y consuelo espiritual mientras permaneció confinado en la prisión de Reus, en la prisión de Tarragona y durante su traslado a Rio Segre. Su testimonio terrenal culminó en Pujada de Vilardida el veinticinco de agosto de 1936, fecha en la que fue brutalmente asesinado junto a otras dieciséis personas, entre las cuales se encontraba su querido hermano Ramón. Al momento de su muerte violenta, el joven sacerdote contaba con veintisiete años de edad y diez años de fiel profesión religiosa. El camino hacia el reconocimiento eclesiástico de su testimonio martirial avanzó cuando Papa Benedetto XVI autorizó, el diez de mayo de 2012, la promulgación del decreto del martirio que englobaba a diecinueve religiosos y sacerdotes de los Figli della Sacra Famiglia junto a varios jóvenes laicos que habían sido antiguos alumnos. Finalmente, el rito de la beatificación se celebró solemnemente el trece de octubre de 2013 en Tarragona, en la región española de la Catalogna, en una memorable ceremonia presidida por el Cardinale Angelo Amato en calidad de enviado especial de Papa Francesco, en la cual fueron beatificadas quinientas veintidós personas que regaron con su propia sangre las tierras españolas tras ser asesinadas por odio a la fe católica, figurando entre ellas el padre Eduardo Cabanach Majem.
Su camino de fe
La trayectoria terrenal de Eduardo Cabanach Majem comenzó en Bellmunt, Tarragona, donde sus primeros años estuvieron marcados por una vocación que lo llevaría a buscar la santidad en la vida religiosa. En el año mil novecientos veinticuatro, dio el paso decisivo al ingresar en el noviciado de los Hijos de la Sagrada Familia, una comunidad donde formó su espíritu según los valores del Evangelio. Con el paso del tiempo, su formación culminó el primero de noviembre de mil novecientos treinta y tres, cuando recibió la ordenación sacerdotal en la ciudad de Tortosa, marcando el inicio de su ministerio como ministro de Dios.
Durante su ejercicio sacerdotal, el Beato Eduardo desarrolló una intensa actividad pedagógica y pastoral. Su labor se extendió por diversos lugares, incluyendo Blanes, Les Corts, Barcellona, Sant Julià de Vilatorta y Reus, donde ejerció como profesor y vicedirector en distintos colegios. En estos espacios, no solo impartió conocimientos académicos, sino que fue un guía espiritual para los jóvenes, transmitiendo la luz de su fe en un tiempo que comenzaba a tornarse oscuro. Su compromiso con la educación y el anuncio de la Palabra fue constante, hasta que el estallido de la guerra civil española interrumpió su apostolado. En el año mil novecientos treinta y seis, fue arrestado a causa de su condición de sacerdote y, finalmente, entregó su vida en la Pujada de Vilardida el veinticinco de agosto de aquel mismo año. Su muerte, ocurrida en odio a la fe, constituye un testimonio de entrega total que la Iglesia honra con profunda gratitud.
Memoria y beatificación
La figura del Beato Eduardo Cabanach Majem permanece viva en la memoria de la Iglesia como un modelo de coherencia y valentía. La causa de su martirio, junto a la de otros compañeros que compartieron su mismo destino durante la guerra civil española, culminó con un acto de justicia histórica y espiritual. El trece de octubre de dos mil trece, el Papa Francisco presidió su beatificación, reconociendo oficialmente que su sacrificio no fue en vano, sino que constituye una semilla que fecunda la fe de los creyentes de hoy.
La veneración al Beato Eduardo nos invita a reflexionar sobre la importancia de la fidelidad a los principios cristianos incluso en las circunstancias más difíciles. Su vida, breve en años pero plena en amor a Dios, nos recuerda que el sacerdocio es, ante todo, un camino de entrega. Al celebrar su memoria cada veinticinco de agosto, los fieles encuentran en él un intercesor ante el Padre, un hombre que supo transformar su labor docente y su ministerio sacerdotal en una ofrenda permanente, invitándonos a vivir con la misma rectitud y esperanza que él demostró hasta el último instante de su existencia.
Preguntas frecuentes
Quando si festeggia il beato Eduardo Cabanach Majem?
La sua ricorrenza liturgica e memoria si celebra il venticinque agosto, giorno del suo martirio.