28 de septiembre
Beato Niceta Budka
Obispo y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La juventud y la formación sacerdotal
El futuro obispo Nikita nació el 7 de junio de 1877 en una modesta familia de agricultores en el villaje de Dobromirka, perteneciente a la provincia de Ternopol'. Creció en un ambiente sencillo y rural, cultivando los valores del trabajo y de la fe tradicional de su pueblo. En el año 1897 concluyó con éxito sus estudios en las escuelas medias de la ciudad de Ternopol', dando un paso importante en su desarrollo intelectual. Siguiendo las obligaciones civiles de su época, cumplió debidamente con el servicio militar establecido. Concluida esta etapa, su vocación religiosa lo condujo a profundizar en las ciencias sagradas, por lo que estudió con dedicación en las facultades teológicas de las universidades de Leopoli, Viena y Innsbruck. Su preparación académica y su madurez espiritual llamaron la atención de las autoridades eclesiásticas, lo que preparó el terreno para su consagración al ministerio sagrado.
En el año 1905 recibió la ordenación sacerdotal de manos del ilustre metropolita Andrej Šeptickij, un acontecimiento que marcó el inicio de su fecunda trayectoria eclesiástica. Su primer destino pastoral consistió en regir la parrocchia greco-católica de Viena, donde atendió con solicitud a los fieles encomendados a su cuidado. Poco después, las autoridades de la Iglesia le confiaron la delicada responsabilidad de ser nombrado prefecto del seminario diocesano, guiando en la formación a los futuros sacerdotes. Asimismo, su sensibilidad hacia los problemas sociales y humanos lo llevó a ser nombrado referente para las cuestiones de la emigración en el ámbito de la curia metropolitana. Desde este puesto, el sacerdote comenzó a tejer una red de atención y cercanía espiritual hacia los numerosos compatriotas que abandonaban su tierra natal en busca de un futuro mejor.
El ministerio en Canadá y la vuelta a la patria
El celo apostólico del padre Nikita no conoció fronteras, pues realizó importantes viajes para visitar personalmente a las comunidades de ucranianos que vivían en Alemania, Brasil, Argentina y Canadá. Para dar voz y asistencia constante a estas poblaciones expatriadas, desde el mes de julio de 1919 el sacerdote comenzó a publicar el mensile Emigrant. Su profundo conocimiento de esta realidad migratoria motivó que, en julio de 1912, papa Pio XI lo designase como el primer obispo para los ucranianos del Canadá. La solemne consagración episcopal se celebró el 14 de octubre de 1912. Tras este nombramiento, el neovescovo se trasladó formalmente a territorio canadiense, ostentando el título oficial de esarca de los greco-católicos ucranianos en aquel país norteamericano.
Establecido en su nueva misión, el obispo recorrió incansablemente las comunidades ucranianas que se hallaban dispersas por todo el extenso Estado canadiense. Su dinamismo pastoral se tradujo en la fundación de nuevas parroquias, la edificación de nuevos templos y la apertura de escuelas y colegios destinados a la formación de los jóvenes estudiantes ucranianos. Consciente de la importancia de la cultura y la fe, publicó textos litúrgicos y fundó una casa editorial cristiana. En el año 1924, su liderazgo convocó y presidió el primer concilio del clero greco-católico en la localidad de Yorktown. Tras años de intensa siembra espiritual en el continente americano, en 1928 monsignor Budka retornó a su tierra natal, estableciéndose en la ciudad de Leopoli, donde fue nombrado obispo ausiliare y vicario general de la metropolia.
El santuario de Zarvannica y la llegada del régimen soviético
De regreso en Ucrania, el obispo Nikita volcó sus energías en diversas obras pastorales y espirituales, tomando muy a pecho la construcción del santuario de la Madre de Dio en Zarvannica. Su humildad y cercanía con los fieles se manifestaban de forma elocuente en las obras del templo, donde a menudo se le podía ver ayudando personalmente a los operarios que trabajaban en la construcción. Sin embargo, este clima de fervor religioso se vio bruscamente interrumpido en el año 1939, cuando se produjo el sopraggiungere del poder soviético en el territorio de la Ucraina Occidentale. Con la imposición del régimen comunista, la Iglesia greco-católica se convirtió inmediatamente en el blanco de una especial y hostil atención por parte de los servicios de seguridad del Estado, conocidos como la NKVD.
Durante la primera fase de esta dominación, la NKVD optó por no obstaculizar de manera abierta la actividad cotidiana de la Iglesia, bajo la condición estricta de que esta no realizara propaganda de carácter antisovietico. No obstante, las tensiones aumentaron y diversas personalidades de la Iglesia greco-católica cayeron en las redes de la policía secreta. Los órganos represivos abrieron un primer caso giudiziario contra una veintena de sacerdotes y laicos. Poco después, en la provincia de Leopoli se abrió un segundo caso giudiziario contra aproximadamente medio centenar de fieles greco-católicos. En esta amplia lista de perseguidos figuraban nombres muy destacados de la jerarquía eclesiástica, entre los que se encontraban el metropolita Andrej Šeptickij, el obispo Ivan Bučko, el propio obispo Nikita Budka y otros miembros del clero.
El arresto, el proceso y el martirio en el lager
La persecución abierta se desencadenó el 4 de abril de 1945, fecha en la que el obispo Nikita fue arrestado de forma violenta junto con los demás obispos de la Iglesia greco-católica. Ya desde las primeras horas de la mañana, la catedral y la residencia oficial del metropolita amanecieron completamente cercadas por las fuerzas de la policía. Al caer la tarde, un numeroso grupo de oficiales de la NKVD irrumpió en el interior del palacio metropolitano. En aquella redada nocturna fueron detenidos el metropolita Josyp Slipyj, el obispo Budka y el obispo Hryhoryj Čarneckij. Los prelados arrestados fueron confinados inicialmente en la tristemente célebre prisión de Leopoli. Al día siguiente, los prisioneros fueron trasladados bajo estrictas medidas de seguridad hacia la prisión de Kiev situada en la calle Korolenko.
La magnitud de la represión quedó reflejada en una relación interna fechada el 21 oficiales de abril de 1945, la cual documentaba que solo en aquella jornada los órganos de la NKVD arrestaron a treinta y tres personas, incluyendo un metropolita, dos obispos, veinte sacerdotes, dos decanos, tres seminaristas y cinco laicos. Paralelamente, las autoridades procedieron a registrar minuciosamente la Academia teológica, el seminario diocesano y la escuela para lectores, decretando la clausura inmediata de todas estas instituciones formativas. Además, las fuerzas de seguridad detuvieron a ciento cincuenta y nueve estudiantes universitarios con el único propósito de reclutarlos a la fuerza en las filas del ejército. La prensa oficial, a través del periódico Pravda de Leopoli del 1 de marzo de 1946, informó que los obispos habían sido arrestados bajo la acusación formal de ser ciudadanos de la Unión Soviética culpables de traición y complicidad con los alemanes, remitiendo su caso a la jurisdicción de la Corte marcial.
Mientras se celebraba el proceso judicial, el obispo Nikita permaneció recluido en la prisión de la NKVD en Kiev. Durante las audiencias del juicio, el metropolita Slipyj confirmó públicamente que siempre había contado con la valiente defensa por parte del obispo Nikita. A pesar de su inocencia, Nikita Budka fue condenado injustamente a ocho años de reclusión en un campo de trabajos forzados, conocido como lager, que debía cumplirse en las gélidas tierras de Kazajistán. Soportando con inmensa fortaleza espiritual las privaciones y los abusos de un régimen radicalmente ostile a Dio, el obispo perseveró firmemente en la fe. El 1 de octubre de 1949, el obispo Nikita Budka entregó su vida a Dios en el lager de Karažar, situado en las proximidades de Karaganda, en Kazajistán. Su testimonio heroico fue reconocido oficialmente cuando fue beatificado el 27 de junio de 2001, durante la histórica visita pastoral del papa Giovanni Paolo II a Ucrania.
Una vida entregada
El camino del beato Niceta Budka comenzó en la tierra ucraniana, donde nació en el año mil ochocientos setenta y siete. Su vocación sacerdotal floreció bajo la guía del metropolita Andrej Šeptickij, quien le confirió la ordenación en mil novecientos cinco. A partir de ese momento, su ministerio se convirtió en un servicio itinerante al servicio de los fieles, extendiendo su labor desde Ucrania y Austria hasta llegar, en mil novecientos doce, a las tierras de Canadá. Como primer obispo para los ucranianos en aquel país, Niceta trabajó con dedicación para sostener la vida espiritual de sus compatriotas en la diáspora, guiándolos con la prudencia y el celo propios de un pastor que conoce y ama a sus ovejas.
La etapa final de su vida estuvo marcada por el sufrimiento y la persecución. Tras su regreso a Ucrania, el cuatro de abril de mil novecientos cuarenta y cinco, fue detenido por el cuerpo de seguridad soviético conocido como la NKVD. Esta detención dio inicio a un calvario que lo llevaría lejos de su patria, hasta ser condenado a ocho años de reclusión en un campo de trabajos forzados en Kazajistán. A pesar de las duras condiciones del cautiverio en el campo de Karažar, el obispo Niceta mantuvo su integridad y su testimonio de fe hasta el último aliento. Su fallecimiento, ocurrido en mil novecientos cuarenta y nueve, cerró una vida que, habiendo recorrido diversas naciones, culminó en la entrega total del mártir que confía plenamente en la misericordia del Señor.
Memoria y culto
La Iglesia reconoce la santidad del beato Niceta Budka como un modelo de coherencia cristiana en el siglo veinte. Su proceso de beatificación culminó el veintisiete de junio de dos mil uno, cuando el papa Juan Pablo Segundo elevó su nombre a los altares, subrayando el valor de su sacrificio en los campos de prisioneros de Kazajistán. Esta memoria no es solo un recuerdo histórico, sino una invitación a mantener la esperanza en medio de las pruebas que la vida presenta a cada creyente.
La comunidad cristiana celebra su vida el veintiocho de septiembre, día en que se honra su memoria litúrgica. En esta fecha, los fieles se unen en oración para recordar a quien no dudó en dar testimonio de la verdad de Cristo, incluso cuando ello significó el destierro y la muerte. Su intercesión es invocada por aquellos que buscan fortaleza en tiempos de tribulación, recordando que la luz de la fe es capaz de atravesar los muros más oscuros y permanecer como un faro de salvación para todas las generaciones.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia el beato Niceta Budka?
La memoria litúrgica del beato Niceta Budka se celebra el 28 de septiembre.
De cosa è patrono el beato Niceta Budka?
No consta en los datos biográficos que el beato Niceta Budka posea un patronazgo específico atribuido.
En la ciudad de Karadzar, cerca de Karaganda, en Kazajistán, beato Niceta Budka, obispo, que, primero en ejercer el ministerio en Canadá entre los católicos de rito bizantino, fue deportado, bajo un régimen hostil a Dios, a un campo de detención, donde, perseverando en la fe, soportó por amor de Cristo toda adversidad con fortaleza de ánimo hasta la muerte. — Martirologio Romano