22 de febrero
Cátedra de San Pedro Apóstol
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La evolución de la memoria litúrgica
El Martirologio Romano celebra el veintidós de febrero la festividad de la cátedra de san Pedro en Antiochia. Antiguamente, el mismo Martirologio Romano conmemoraba el dieciocho de enero la festividad de la cátedra de san Pedro en Roma. La reciente reforma del calendario litúrgico ha unificado con acierto ambas commemorazioni en la fecha actual del veintidós de febrero. Esta colocación del veintidós de febrero encuentra un sólido respaldo en una antigua tradición documentada en la obra titulada Depositio martyrum. En su origen, el veintidós de febrero estaba reservado exclusivamente para celebrar la cátedra romana. Sin embargo, con el paso del tiempo, la fiesta romana fue anticipada en territorio de la Galia al dieciocho de enero para evitar que su solemne celebración coincidiera con el tiempo litúrgico de la Cuaresma. A causa de esta anticipación en la Galia, se formó involuntariamente un doblete litúrgico en el calendario de la Iglesia. Para resolver dicha duplicidad, se introdujo nuevamente al veintidós de febrero la fiesta de la cátedra de san Pedro en Antiochia, mientras que el dieciocho de enero quedó consagrado a la memoria romana. Finalmente, la restauración contemporánea ha reunido de nuevo las memorias en un solo día de alabanza.
El significado y el simbolismo de la cátedra
La cátedra es literalmente el seggio fisso que pertenece por derecho al sommo pontefice y a los obispos en el ejercicio de su ministerio. Esta solemne sede se encuentra colocada en permanencia dentro de la iglesia madre de cada diócesis, la cual recibe el nombre propio de catedral. La cátedra constituye ante todo el signo visible y el símbolo elocuente de la autoridad del obispo y de su magistero ordinario dentro de la Iglesia local. De manera muy especial, la cátedra de san Pedro indica la posición de evidente preminencia que el apóstol ocupa dentro del colegio apostólico. Dicha preminencia indiscutible de Pedro se halla firmemente demostrada por la esplicita voluntad expresada por Jesús durante su vida pública. El Señor dirigió al apóstol aquellas palabras capitales: Tu sei Pietro e su questa pietra edificherò la mia Chiesa. En virtud de esta promesa, Jesús asigna a Pedro la delicada tarea de pascere el gregge y de guiar con firmeza al nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia. La solemne investidura de Pedro por parte de Cristo fue renovada y ribadita con fuerza después de la risurrezione del Señor. Con la misma autoridad recibida, san Pedro svolge il ruolo di guida fondamentale dopo il mistero dell'ascensione. Es siempre Pedro quien preside con celo apostólico all'elezione di Mattia per completare el número de los Doce. Durante el día solemne de Pentecostés, Pedro toma la palabra con valentía a nome di tutti ante la multitud reunida frente al cenacolo. Asimismo, es Pedro quien da testimonio de su fe hablando con denuedo delante del Sinedrio. Consciente de este liderazgo espiritual, el rey Erode Agrippa cree que podrá infligir un colpo mortale a la Iglesia nascente si logra eliminar a su principal cabeza, que es el propio san Pedro.
La presencia y el testimonio histórico en Roma
La presencia histórica del apóstol en Antiochia resulta en absoluta manera incontestable a través de los escritos neotestamentarios. En cambio, la venida de Pedro a Roma durante los primeros años del imperio de Claudio no posee pruebas documentales tan evidentes y directas. No obstante, el notable desarrollo del cristianismo en la capital del vasto imperio romano queda claramente attestato por la célebre lettera paolina ai Romani, escrita alrededor del año cincuenta y siete. El extraordinario desarrollo de la comunidad cristiana a Roma no se explicaría jamás sin la decisiva presencia de un misionero de primer plano como el apóstol Pedro. La venida y el posterior martirio de san Pedro en suelo romano están plenamente suffragate por tradizioni antichissime que han sido acogidas universalmente incluso por estudiosos de ámbito no católico. La presencia definitiva y la muerte de Pedro en Roma quedaron atestiguadas de manera históricamente inoppugnabile gracias a los rigurosos scavi del 1939 realizados en las Grotte Vaticane, ubicadas directamente bajo la imponente Basilica di San Pietro. Estos históricos scavi del 1939 fueron emprendidos por explícita orden del pontífice Pio XII. Los valiosos resultados obtenidos en estos excavaciones vaticanas son aceptados favorablemente y con respeto también por estudiosos no católicos. Así, en el mismo día en que los antiguos romanos hacían piadosa memoria de los fieles defuntos, los creyentes veneran hoy la sede de la nascita al cielo del glorioso Apóstol. El Apóstol trae perenne gloria de su gloriosa vittoria obtenida sobre el histórico colle Vaticano. Por todo ello, la venerable sede de Pedro está firmemente llamada a presiedere a la comunión universal de la caridad entre todas las Iglesias.
La vida de servicio
La trayectoria de San Pedro Apóstol se caracteriza por una entrega absoluta al mandato recibido de Jesucristo. Tras la ascensión del Señor, Pedro asumió con humildad y firmeza la responsabilidad de guiar a la comunidad apostólica. Su liderazgo se manifestó en acciones concretas, como la presidencia en la elección de Matías, asegurando así la integridad del grupo de los doce. En el día de Pentecostés, fue él quien habló en nombre de todos los apóstoles, proclamando con fuerza la venida del Espíritu Santo y el cumplimiento de las promesas divinas.
Su testimonio no estuvo exento de pruebas; con gran fortaleza, defendió la fe frente al Sinedrio, enfrentando las oposiciones con la autoridad de quien sabe en quién ha puesto su confianza. Su labor pastoral le llevó a transitar por diversos lugares, destacando su presencia en Antioquía y, finalmente, en Roma. En la Ciudad Eterna, Pedro desarrolló su ministerio hasta el final de sus días. Allí, bajo el imperio de Claudio o de sus sucesores, culminó su camino terrenal mediante el martirio. Este acto final no fue una derrota, sino el cumplimiento de una vida dedicada por entero a la proclamación del Evangelio. Su historia, situada en el primer siglo, sigue siendo un faro para quienes buscan comprender la raíz del servicio papal y la importancia de la fidelidad a la misión recibida. La Cátedra de San Pedro simboliza, precisamente, esta responsabilidad de enseñanza y guía que él ejerció con valentía, cimentando el camino para sus sucesores y para toda la cristiandad.
El significado del culto
La celebración de la Cátedra de San Pedro el veintidós de febrero es una invitación a profundizar en el sentido del ministerio petrino y en la unidad de la Iglesia. Esta festividad no se limita a recordar un hecho histórico del primer siglo, sino que destaca la permanencia de la misión confiada al apóstol. Al honrar la Cátedra, los fieles reconocen la autoridad espiritual que emana de Pedro y su papel como guía estable en medio de las vicisitudes del mundo.
El culto a este misterio nos ayuda a valorar la importancia de la sucesión apostólica y el servicio que el papa presta a la unidad de todos los cristianos. Es un momento para reflexionar sobre la responsabilidad que cada creyente tiene de apoyar con su oración la labor de quienes continúan hoy la misión de Pedro en Roma. La memoria del martirio de San Pedro en Roma nos recuerda que el liderazgo en la Iglesia está intrínsecamente unido al sacrificio y al amor desinteresado por el pueblo de Dios. Esta fecha es, por tanto, una oportunidad para renovar nuestra adhesión a la enseñanza apostólica y nuestra confianza en la guía del Espíritu Santo.
Preguntas frecuentes
Quando si festeggia la Cattedra di San Pietro Apóstol?
La festividad se celebra el veintidós de febrero, tras la unificación de las antiguas conmemoraciones litúrgicas en una única fecha.
Qué simboliza la cátedra de san Pedro?
La cátedra simboliza el seggio fisso del pontífice, la autoridad doctrinal del obispo en su diócesis y la preminencia de Pedro en el colegio apostólico.
Fiesta de la Cátedra de san Pedro Apóstol, al cual dijo el Señor: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». En el día en que los Romanos solían hacer memoria de sus difuntos, se venera la sede del nacimiento al cielo de aquel Apóstol, que trae gloria de su victoria sobre la colina Vaticana y es llamada a presidir la comunión universal de la caridad. — Martirologio Romano