22 de febrero
San Maximiano de Rávena
Obispo
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y camino hacia el episcopado
San Maximiano comenzó su camino eclesiástico como diacono de la Iglesia local de Pola. Gracias a una sólida condición financiera y a un fortuito hallazgo de un tesoro realizado por él o por su padre, logró aproximarse a la corte imperial de Costantinopoli. En aquel entorno supo ganarse la profunda estima del emperador San Giustiniano. En el año 545, tras el fallecimiento del obispo de Rávena, los fieles solicitaron al emperador que concediera el palio a un candidato propio, pero el soberano aconsejó al papa Vigilio que destinara a la sede vacante a Maximiano.
El nuevo pastor recibió la consagración episcopal de manos del papa Vigilio el 14 de octubre de 546, convirtiéndose en el primer obispo de Occidente en portar el título de arzobispo como titular de una diócesis metropolitana. Dicha nominación provocó un fuerte attrito con la población ravennate, que la interpretó como una interferencia indebida. Ante la resistencia ciudadana, el santo se acampó fuera de las murallas como huésped del obispo ariano de los godos. Mediante tacto y diplomacia, consiguió captarse la simpatía de los fieles y obtener la autorización para tomar posesión definitiva de su sede episcopal, la cual rigió durante diez años.
El esplendor cultural y pastoral
El episcopado de San Maximiano representó la edad de oro de la Iglesia de Rávena, beneficiándose de su gran intuito y de su posición como vicario del pontífice Vigilio y del emperador Giustiniano. Durante su gestión se completaron y consagraron las basílicas de San Michele y San Vitale, y se embellecieron muchas otras iglesias de la ciudad. A su iniciativa se deben por completo los templos de San Giovanni, Santo Stefano y diversas iglesias en su Pola natal, todas ellas decoradas con espléndidos mosaicos. Su perfil intelectual fue notable, pues resultó ser autor de una elevada cantidad de libros, incluyendo cronicas, descripciones de Rávena y catálogos de los obispos locales, además de escribir doce volúmenes de sermones. Asimismo, preparó una cuidada edición de la Biblia con notas al margen y redactó un sacramentario sobre el cual probablemente se basó en el futuro el sacramentario leonino.
Su acción trascendió los límites diocesanos y se extendió por toda Italia, llegando a actuar de hecho como primate del país durante las largas ausencias de Roma del papa Vigilio. Sus esfuerzos primordiales se centraron en restablecer la concordia y la unidad dentro de las iglesias divididas por el cisma de los Tres capítulos. La tradición refiere, a través de la biografía redactada por el sacerdote Agnello, quien vivió dos siglos después pero fue un profundo conocedor de los escritos del santo pastore, que este acogía a los extranjeros, llamaba la atención a quienes caían en error, entregaba a los pobres aquello que necesitaban y consolaba con solicitud a los sofferenti.
Tránsito y memoria perenne
San Maximiano falleció en Rávena el 22 de febrero de 556. Sus despojos mortales fueron sepultados en la basílica de Sant'Andrea, donde permanecieron hasta el año 1809, cuando resultaron trasladados a la catedral como consecuencia de la sconsagración de dicho templo por parte de la administración napoleónica. Su figura perdura de manera imborrable en la basílica de San Vitale, donde aparece representado en un grandioso mosaico ubicado en el lado norte del santuario, al lado del emperador Giustiniano y en presencia de los soberanos Giustiniano y Teodora, sosteniendo en sus manos una cruz adornada con gemas preciosas. En el martirologio es recordado como el obispo de Rávena que desempeñó con absoluta fidelidad su oficio pastoral y defendió con firmeza la unidad de la Iglesia frente a la herejía.
Su labor en la Iglesia
La trayectoria de San Maximiano de Rávena se define por una fidelidad inquebrantable a su vocación y un servicio diligente a la sede de Rávena. Tras su formación y estancias en lugares clave como Constantinopla, su vida dio un giro definitivo en el año 546, cuando fue consagrado obispo de Rávena por el papa Vigilio. Este nombramiento marcó el inicio de una gestión marcada por la excelencia y la responsabilidad, siendo distinguido como el primer obispo de Occidente en recibir el título de arzobispo, un reconocimiento que subrayó la importancia estratégica y espiritual de su diócesis.
Más allá de sus funciones administrativas, San Maximiano destacó por su compromiso con la arquitectura sacra y la formación teológica. Bajo su cuidado, se completaron y consagraron las basílicas de San Michele y San Vitale, monumentos que hasta el día de hoy dan testimonio de su celo por la belleza de la casa de Dios. Su labor intelectual fue igualmente prolífica; como autor, legó a la posteridad ediciones bíblicas y sacramentarios fundamentales para la liturgia, además de numerosos sermones que alimentaron la fe de su comunidad. En un momento histórico complejo, marcado por el llamado cisma de los Tres Capítulos, San Maximiano trabajó con determinación para restaurar la unidad ecclesial, buscando siempre el entendimiento y la cohesión de los fieles. Su fallecimiento en Rávena en el año 556 cerró una vida entregada por completo al servicio del Evangelio y al fortalecimiento de la estructura eclesial en tiempos de incertidumbre.
El culto y memoria
La memoria de San Maximiano de Rávena se mantiene viva gracias a un culto de carácter antiquísimo, que honra su figura como uno de los pilares de la Iglesia en el siglo sexto. Su vida, caracterizada por la rectitud y el servicio, ha sido motivo de veneración a lo largo de los siglos, reconociendo en él a un pastor que supo guiar a su grey con sabiduría y firmeza. La liturgia celebra su tránsito a la vida eterna el 22 de febrero, fecha en la que se conmemora su fallecimiento, permitiendo a los fieles reflexionar sobre su ejemplo de entrega apostólica.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Maximiano de Rávena?
La festividad de San Maximiano de Rávena se celebra el 22 de febrero.
En Rávena, san Maximiano, obispo, que desempeñó con fidelidad su oficio pastoral y defendió la unidad de la Iglesia contra la herejía. — Martirologio Romano