24 de enero
San Francisco de Sales
Obispo y doctor de la Iglesia
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y juventud
San Francisco de Sales nació en Thorens, en la Savoia, el veintiuno de agosto de 1567, en el seno de una antigua y noble familia. Su pequeña provincia dependía formalmente de Turín, aunque participaba activamente en el desarrollo espiritual de la Francia contemporánea. En aquella región se hablaba el francés más puro que había llegado a su pleno cumplimiento, y Francisco mantendría siempre unidos los lazos entre su querida Savoia y el reino de Francia. Su padre albergaba grandes ambiciones para su primogénito, soñando con verle convertido en un brillante jurista y senador, por lo que lo envió a estudiar a París y posteriormente a la Universidad de Padua. En París completó sus estudios bajo la guía de los Padres Jesuitas, reconocidos como excelentes humanistas brillantes en las lenguas griega y latina, así como fervientes católicos. Ya a la temprana edad de once años, el joven Francisco pidió la tonsura clerical, manifestando una temprana inclinación hacia los asuntos divinos que contrastaba con los proyectos paternos. Durante su estancia en el colegio de Clermont, se acosumbró a comulgar sacramentalmente todos los domingos, ganándose entre sus compañeros el entrañable sobrenombre de el Ángel. Al cumplir los dieciocho años, atravesó una profunda y dolorosa crisis del alma centrada en los complejos temas de la salvezza eterna, la predestinación y el libre albedrío. Encontró la luz definitiva en la contemplación del amor de Dios, que desea la salvación de todos y reclama la libre correspondencia del hombre. A raíz de esta experiencia, cayó en rodillas ante la imagen de la Madonna des Grés, ofreciendo su corazón y consagrando toda su vida a Cristo. Posteriormente, pasó cuatro años en Padua sumergiéndose en el estudio de san Tommaso d'Aquino y sant'Agostino, donde recibió con gran honor el berretto dottorale y vio confirmada definitivamente su vocación sacerdotal, nacida ya cuando tenía diez años.
Ministerio sacerdotal y misión en el Chiablese
De regreso a su patria, tras una breve etapa como abogado del Senato di Chambéry, culminó su camino hacia el altar y recibió en el espacio de una semana las Órdenes menores, el diaconato tres meses después y finalmente el Sacerdocio el dieciocho de diciembre de 1593. Celebró su primera Misa el veintiuno de diciembre de aquel mismo año, dando inicio a un ministerio infatigable. San Gregorio Nazianzeno dijo de él que ya era sacerdote antes de recibir la ordenación, debido a su madurez espiritual. Su obispo lo nombró casi de inmediato canónigo de su capítulo y pronto llegó a ser preposito. El celoso canónigo predicaba incansablemente en las iglesias y en las plazas la verdad de la Fede cattolica, socorriendo a los pobres y visitando con asiduidad a los enfermos. Pasaba largas horas encerrado en el confessionale, asediado por fieles y pecadores atraídos por su celo. Hablaba de forma sencilla y directa durante la predicación, lo que en ocasiones indignaba a su padre, quien habría preferido un predicador adornado con citas cultas en griego y latín; sin embargo, Francisco prefería hacerse comprender por todos para que pudieran conocer y amar profundamente a Jesús. Su fama se extendió rápidamente gracias a su estilo humilde, pacato e imbuido de amor divino. Por aquel entonces, la región del Chiablese, situada entre Hermance y San Gingolph a lo largo de la ribera sur del lago de Ginevra, había caído bajo la influencia del protestantismo y del calvinismo. El obispo de Annecy había intentado sin éxito restaurar la presencia católica, por lo que el joven preposito pidió voluntariamente ser colocado en la primera línea de una segunda tentativa de misión en aquellas tierras. Recorrió el territorio en largo y en tendido bajo las inclemencias del sol o de la nieve, con los pies helados y agrietados que le sangraban copiosamente. Pasaba las noches a la intemperie bajo las estrellas soportando el viento gélido, arriesgando su propia vida al enfrentarse a adversarios armados de puñal. Su único motor era el amor desmedido a Jesús y el ardiente deseo por la salvación de las almas y la conversión de los calvinistas. Ante la escasez de frutos en los púlpitos tradicionales, ideó un innovador sistema consistente en redactar y distribuir hojas volantes y carteles con concisas instrucciones sobre la fe católica, que fijaba en los muros o hacía deslizar bajo las puertas de las casas. Esta valiente y original iniciativa de difusión escrita le valió con el tiempo ser proclamado patrono de los publicistas y de los periodistas católicos. En 1598, el obispo examinó el trabajo realizado y constató con alegría que prácticamente la totalidad de los habitantes del Chiablese habían regresado a la Iglesia Católica. En aquel período fundó también en Thonon la Congregación local del Oratorio, que fue erigida formalmente por el papa Clemente VIII mediante la bula Redemptoris et Salvatoris nostri en 1598, año en el que también mantuvo memorables encuentros en Roma con los primeros discípulos de San Filippo Neri, tales como Baronio, Giovanni Giovenale y Matteo Ancina, y Antonio Gallonio, a cuya espiritualidad se sentía profundamente cercano.
Obispado en Annecy y labor pastoral
En 1599, Francisco tenía treinta y dos años de edad, y su fecunda misión en el Chiablese lo había convertido en una figura célebre en toda la cristiandad. Durante una estancia en Roma, el papa Clemente VIII quiso escuchar de sus propios labios los detalles de aquella aventura apostólica ante un numeroso grupo de obispos y cardenales. Sus extraordinarios esfuerzos y sus grandes éxitos pastorales le merecieron la designación como obispo coadiutore de Ginevra con derecho de sucesión, nombramiento que recibió cuando contaba con treinta y dos años y tras tan solo seis de sacerdocio. Poco después, el rey Enrique IV manifestó su deseo de tenerlo en París, ciudad a la que Francisco viajó en 1602. Allí fue acogido con gran estima en el prestigioso salón de Madame Acarie, un auténtico cenáculo de cultura y fe, y recibido con todos los honores por el cardenal De Berulle, mientras el pueblo y la nobleza se agolpaban bajo su púlpito. El monarca francés llegó a ofrecerle la sede episcopal de París, pero Francisco rechazó la propuesta con firmeza, comparando su diócesis de Annecy con una esposa pobre a la que jamás abandonaría. A la muerte de su predecesor, asumió plenamente el gobierno episcopal en la pequeña diócesis savoiarda. Como la ciudad de Ginevra permanecía firmemente en manos de los reformados, tuvo que establecer su sede en la pintoresca localidad savoiarda de Annecy, conocida cariñosamente como la Venecia de los Alpes a orillas de su lago. Durante veinte largos años guio aquella grey con la dedicación de un monje, viviendo en constante unión con Dios y manteniéndose perpetuamente a disposición de cualquiera que lo buscara, como si fuera un abbeveratoio público. Organizó escuelas de catecismo y acudía él mismo a enseñar a los niños. Exigió que los sacerdotes sin parroquia se pusieran al servicio de los párrocos y de las almas sin holgazanear, y ante la falta de un seminario adecuado, se encargó personalmente de la formación del clero a través de los sacerdotes más virtuosos. Cada domingo celebraba la Santa Misa en su catedral y predicaba al pueblo con un tono familiar, lleno de ejemplos prácticos, preguntas y respuestas que cautivaban a los oyentes. Su estilo era bonario pero de una fortaleza inquebrantable, capaz de atraer a las almas hacia Jesús mediante la dulzura y el convencimiento. Con frecuencia repetía que prefería ser considerado un servidor bueno y manso antes que un gran predicador. Poseía un profundo sentido común, prudencia y una firmeza diamantina al disputar con los teólogos calvinistas, quienes percibían en él un genuino amor paternal al estilo de Jesucristo. Su acción pastoral se fundamentó siempre en el diálogo, la dulzura y un sereno optimismo. Mantuvo una estrecha relación espiritual con numerosas figuras de su tiempo, siendo también director espiritual de san Vicente de Paúl, y en 1604 conoció en Dijon a la piadosa noble viuda Giovanna Francesca Frèmiot, baronesa de Chantal, con quien inició una sólida amistad y colaboración.
Magisterio espiritual y la Orden de la Visitación
Convencido de que la llamada a la santidad no era un privilegio exclusivo de los claustros monásticos, sino que estaba dirigida a todos los fieles en su vida cotidiana, Francisco desarrolló un humanismo cristiano y cristo-teocentrico de enorme influencia. Amaba profundamente al hombre por haber sido redimido por Cristo en la Cruz y por ser digno de toda cura para su salvación eterna. Para guiar a los laicos en medio del mundo, y considerando a la mujer por naturaleza una enamorada de Dios a quien llamó con el nombre simbólico de Filotea, escribió su célebre libro Introduzione alla vita devota. Asimismo, para aquellos que aspiraban a una forma más elevada de perfección espiritual, compuso el Trattato dell'amor di Dio, conocido también como Teotimo. En estas obras afirmó con claridad que la devoción sincera puede ser practicada por su madres de familia, sacerdotes, soldados, comerciantes, contadores, artesanos y príncipes, adaptándose a las fuerzas y deberes de cada estado sin destruir ninguna vocación legítima, sino perfeccionándola tal como la abeja extrae el miele de las flores sin dañarlas. Junto a santa Giovanna Francesca de Chantal, fundó en 1610 el Ordine della Visitazione, una institución religiosa femenina destinada a la consagración a Dios de jóvenes y viudas, cuya espiritualidad se difundiría ampliamente gracias a las futuras revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús a santa Margarita María Alacoque. Además de sus libros, redactó innumerables conversaciones espirituales y miles de cartas de dirección a hijos e hijas espirituales repartidos por toda Europa. Su predicación y sus escritos influyeron de manera decisiva en las mayores personalidades del gran siglo francés y de toda la Europa del Seicento, consolidándole como el verdadero padre de la espiritualidad moderna.
Últimos días, tránsito y glorificación
A finales del año 1622, sumamente debilitado e infermo a causa de los rigores de sus fatigas y su infatigable celo apostólico, emprendió un viaje hacia Lione. En el trayecto se detuvo en Belley para visitar a su entrañable amigo y sabio obispo Camus, y prosiguió después su camino desafiando la gélida tramontana de las orillas del Ródano. El once de diciembre de aquel año mantuvo en Lione su último coloquio con una de sus penitentes, y tras alojarse en la pequeña habitación del capellán de las Hermanas de la Visitación en el monasterio local, entregó su alma a Dios el veintiocho de diciembre de 1622 a la edad de cincuenta y cinco años, víctima de un ataque de apoplessia. Su cuerpo fue trasladado inicialmente de forma temporal y luego llevado solemnemente el veinticuatro de enero de 1623 a Annecy, donde reposa en la iglesia a él dedicada y posteriormente en la basílica de la Visitación sobre la colina adyacente, junto a los restos de santa Giovanna Francesca de Chantal. Su proceso de reconocimiento oficial por parte de la Iglesia avanzó con solidez: fue inscrito en el álbum de los Beatos en 1661, y solemnemente canonizado el diecinueve de abril de 1665 por el papa Alejandro VII. Años más tarde, el beato Pío IX lo proclamó Doctor de la Iglesia en 1877, un reconocimiento que fue refrendado y confirmado formalmente en 1887 por el papa León XIII. Su memoria litúrgica quedó establecida en el calendario universal el veinticuatro de enero, con motivo de la fecha de su solemne deposición en Annecy, mientras que el Martirologio Romano conmemora su tránsito el veintiocho de diciembre, aniversario exacto de su piadosa muerte.
Su vida y ministerio
Nacido en Thorens en el año 1567, Francisco de Sales completó una sólida formación académica en ciudades como París y Padua antes de seguir su verdadera vocación. En 1593 recibió la ordenación sacerdotal, asumiendo poco después la difícil misión de pacificar y convertir a los calvinistas en la región del Chiablese, una tarea que llevó a cabo con paciencia evangélica y escritos llenos de mansedumbre.
En el año 1602 fue nombrado obispo de Ginebra, estableciendo su sede episcopal en Annecy. Su labor como pastor se caracterizó por una entrega absoluta al cuidado de su grey, la reforma del clero y la instrucción de los fieles. En el año 1610, junto con santa Juana de Chantal, fundó la Orden de la Visitación, una congregación destinada a acoger a mujeres que deseaban consagrarse a Dios en la contemplación y la caridad.
Además de su incansable labor pastoral, Francisco de Sales fue un escritor fecundo. Entre sus obras más célebres destacan tratados espirituales de gran profundidad como la Filotea y el Teotimo, textos que continúan alimentando la vida interior de innumerables creyentes. El santo obispo entregó su alma al Creador en la ciudad de Lyon en el año 1622.
Culto y canonización
El reconocimiento de su santidad no se hizo esperar, siendo solemnemente canonizado en el año 1665 por el papa Alejandro VII. Su memoria litúrgica se celebra cada año el 24 de enero, coincidiendo con el día del traslado de sus reliquias a la ciudad de Annecy, donde reposan como testimonio de su entrega pastoral.
Por la claridad de sus escritos, su labor de difusión de la fe a través de hojas impresas y su estilo comunicativo lleno de caridad, san Francisco de Sales ha sido proclamado patrono de los periodistas, de los publicistas y de los periodistas católicos, inspirando a quienes trabajan en el ámbito de la comunicación a buscar siempre la verdad con mansedumbre.
Preguntas frecuentes
Quando se festeggia San Francisco de Sales?
La memoria litúrgica obligatoria se celebra el 24 de enero en el calendario universal, mientras que el Martirologio Romano conmemora su tránsito el 28 de diciembre, aniversario de su muerte.
Di cosa è patrono San Francisco de Sales?
San Francisco de Sales es el patrono de los publicistas, de los periodistas católicos y de todos aquellos que difunden la verdad cristiana sirviéndose de los medios de comunicación social.
Memoria de san Francisco de Sales, obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia: verdadero pastor de almas, recondujo a la comunión católica a muchísimos hermanos separados de ella, enseñó a los cristianos con sus escritos la devoción y el amor de Dios e instituyó, junto a santa Juana de Chantal, la Orden de la Visitación; viviendo luego en Lyon en humildad, entregó el alma a Dios el 28 de diciembre y fue sepultado en este día en Annecy.<BR>(28 de diciembre: En Lyon en Francia, aniversario de la muerte de san Francisco de Sales, obispo de Ginebra, cuya memoria se celebra el 24 de enero en el día de su deposición en Annecy). — Martirologio Romano