11 de junio
San Máximo de Nápoles
Obispo y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
El episcopato y la defensa de Nicea
San Máximo nació en la ciudad de Napoli y supo guiar a su comunidad cristiana en tiempos de profunda turbulencia doctrinal y social. Fue el décimo obispo de Napoli según lo attesta la lista episcopal de Giovanni il Diacono, tomando el relevo directamente de san Fortunato. Su ministerio episcopal se desarrolló bajo el imperio de Costanzo entre los años 337 y 361, desplegándose de manera específica entre los años 350 y 357. Durante aquellos años, la Iglesia atravesaba momentos de gran tensión teológica a raíz de la difusión de la herejía ariana. Dicha corriente doctrinal había sido scaturita da Ario di Alessandria, figura que vivió entre el 280 y el 336. Ario de Alessandria sostenía públicamente que el Verbo incarnato en Gesù non es de la misma sustancia del Padre, sino que constituye la primera de sus criaturas. Esta postura provocó una lucha a menudo violenta entre las dos posiciones que fracturaban la Iglesia, llegando a involucrar de forma directa al poder civil de la época. Frente a esta grave amenaza para la unidad de la fe, el obispo Máximo asumió un papel de primera línea en la defensa de los decretos promulgados por el Concilio de Nicea en el año 325, el cual había condenado formalmente el arianismo.
El esilio y el martirio
La firme adhesión de san Máximo a la doctrina católica tradicional le acarreó graves consecuencias políticas y personales por parte de las autoridades y de las facciones contrarias. Debido a su intrepida defensa de la ortodoxia nicena, el obispo fue condenado al esilio entre el periodo comprendido entre el 355 y el 356. El destierro de Máximo se desarrolló probablemente en Oriente, tal como aconteció con numerosos obispos del Occidente cristiano que sufrieron medidas similares. Estando ya en el exilio, Máximo tuvo conocimiento de que su cattedra en Napoli había sido ocupada por el obispo de tendencia ariana llamado Zosimo. Ante tal usurpación, el pastor exiliado lanzó un anatema contra Zosimo. Con el paso del tiempo, Zosimo gobernó la diócesis por más de seis años y terminó siendo reconocido como el undécimo obispo legítimo de la sede napolitana, tras haber evidently repudiado el arianismo. Algunos textos latinos afirman que hacia el año 363 Zosimo se vio obligado a abandonar el seggio episcopale por haber recibido un castigo divino, puesto que perdió la capacidad de hablar en las asambleas de los fieles. Por su parte, el legítimo obispo Máximo falleció en el esilio hacia el año 361 como consecuencia directa de los maltratos sufridos y de sus maltrechas condiciones de salud. El deceso de Máximo aconteció antes de que el emperador Giuliano l'Apostata decretara, el 8 de febrero de 362, el regreso de los obispos que se encontraban en el exilio. A san Máximo se le reconoce formalmente el martirio debido precisamente a las agudas penalidades y sufrimientos que hubo de padecer durante su destierro.
Las reliquias y el culto antiguo
El culto en honor a san Máximo brotó de forma inmediata tras su fallecimiento, cuando su sucesor legítimo, san Severo, duodécimo obispo de Napoli desde el 363 hasta el 409, cumplió entre sus primeros actos de gobierno la repatriación de sus restos mortales. Las spoglie de Máximo fueron colocadas con devoción en la nueva basilica cimiteriale edificada fuera de los muros de la ciudad, emplazada a poca distancia del ipogeo de san Fortunato. Posteriormente, a mediados del siglo IX, los restos de Máximo, junto con los de san Fortunato y otros santos obispos, fueron trasladados solemnemente al interior de la basilica Stefania. No obstante, existe asimismo una versión opuesta sobre la precisa collocación de las reliquias. Hacia finales del siglo XIII, al tener que construirse la nueva catedral en sustitución de la antigua basílica Stefania, se ipotiza que las reliquias fueron trasladadas a la catacumba de S. Efebo, la cual se convirtió con el tiempo en una iglesia perteneciente a los frailes capuchinos. Siglos más tarde, entre el 20 y el 22 de noviembre de 1589, los frailes Capuchinos de la iglesia napoletana de S. Efebo llevaron a cabo una ricognizione de las reliquias conservadas detrás del altar mayor por un motivo que hoy permanece desconocido. Durante aquella cuidadosa inspección salieron a la luz las reliquias de los santos obispos napoletanos Efebo, Fortunato y Máximo. Años después, durante las excavaciones arqueológicas realizadas en 1882 y 1957, se descubrieron importantes reperti en una capilla de la catedral, entre los que destacaban un sarcófago y una inscripción sepolcrale que exhibía la elocuente dicitura 'Maximus episcopus qui et confessor'. Semejantes hallazgos arqueológicos confirmaron de manera definitiva la ubicación de la primera tumba del siglo IV perteneciente a san Máximo. El nombre de este insigne pastor quedó registrado en diversas fechas y calendarios históricos, destacando de forma especial el Calendario Marmoreo de Nápoles del siglo IX, que se conserva con celo en el Duomo. Finalmente, el 12 de septiembre de 1840, la Sacra Congregazione dei Riti confirmó de manera oficial el antichissimo culto tributado a los santos obispos Fortunato y Máximo, mientras que la nueva edición del Martyrologium Romanum estableció definitivamente la fiesta liturgica de san Máximo en la fecha del 11 de junio.
Su ministerio y testimonio
La trayectoria de San Máximo de Nápoles se sitúa en un contexto histórico particularmente exigente para la Iglesia del siglo cuarto. Como décimo obispo de la sede napolitana, asumió la responsabilidad de pastorear a sus fieles en años marcados por intensas controversias teológicas. Su labor pastoral estuvo intrínsecamente ligada a la defensa de los decretos del Concilio de Nicea, siendo un defensor activo contra la expansión del arrianismo. Esta postura, lejos de ser puramente académica, representaba para el santo una cuestión de fidelidad esencial a la naturaleza de Jesucristo.
El compromiso con la verdad le acarreó graves dificultades políticas. Debido a su oposición a las presiones imperiales, fue condenado al exilio entre los años 355 y 356, siendo apartado de su comunidad y enviado lejos de su diócesis. Lejos de ceder ante las coacciones, San Máximo perseveró en su misión desde la distancia. El peso del destierro y las privaciones sufridas durante aquellos años terminaron por quebrantar su salud. En el año 361, falleció en tierras de Oriente, ofreciendo su vida como un sacrificio final por la unidad de la Iglesia. Su muerte en el exilio consagró su ministerio como un ejemplo de martirio, no solo por la sangre derramada, sino por la renuncia total a su propia comodidad en favor del mensaje evangélico. En el transcurso del siglo noveno, sus restos fueron trasladados a la basílica Stefania, permitiendo que la memoria de su entrega fuera preservada y venerada por las generaciones posteriores como un legado de fortaleza cristiana.
El culto al santo
La memoria de San Máximo de Nápoles ha sido custodiada con devoción a lo largo de los siglos, reconociendo en él a un valiente confesor de la fe. Su culto, arraigado en la tradición de la Iglesia, recibió una confirmación solemne por parte de la Sacra Congregación de los Ritos el 12 de septiembre de 1840, consolidando su lugar en el santoral universal. Esta ratificación oficial subraya la relevancia de su figura como modelo de obispo íntegro que supo anteponer la verdad del Evangelio a los intereses del poder temporal.
Actualmente, la Iglesia celebra su memoria litúrgica el día 11 de junio, conforme a lo establecido en el Martyrologium Romanum. Esta fecha invita a los fieles a reflexionar sobre la importancia de mantener la fidelidad a la doctrina en momentos de dificultad y a buscar en la vida de los santos del pasado la luz necesaria para el camino presente. La historia de San Máximo sigue siendo, por tanto, una invitación a la perseverancia en la fe y al servicio humilde a la Iglesia, recordando a todos los creyentes que el sacrificio por la verdad siempre es semilla de esperanza.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeggia San Máximo de Nápoles?
Su festividad litúrgica se celebra el 11 de junio, de acuerdo con la nueva edición del Martyrologium Romanum.
En Nápoles, san Máximo, obispo, que por su fidelidad al Concilio de Nicea fue mandado al exilio por el emperador Constancio, donde, postrado por las tribulaciones, murió confesor de la fe. — Martirologio Romano