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12 de febrero

San Melecio de Antioquía

Obispo

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y primeros ministerios

San Melecio nació en Melitene, en la región de Armenia II, en una fecha que los registros históricos no han conservado. Su nombre comenzó a figurar de manera clara en las crónicas de la historia de la Iglesia a partir del año 358. En aquel tiempo, tras la deposición del arzobispo ortodoxo sant'Eustazio, ocurrida en el año 330 por maniobras de los partidarios del arriismo ante el emperador Constantino, Melecio fue elegido obispo de Sebaste. Sin embargo, debido a las graves dificultades pastorales y sociales que encontró en esa comunidad, abandonó de inmediato su ciudad episcopal y buscó refugio en la localidad de Berea, conocida actualmente como Aleppo.

La participación de Melecio en el concilio de Seleucia celebrado en el año 359 constituye una cuestión compleja y debatida por los historiadores. No existe absoluta certeza acerca de si llegó a firmar la fórmula omeiana propuesta en dicho encuentro. El célebre escritor eclesiástico Epifanio no lo incluyó en las listas de los firmantes de Seleucia. Más bien, Epifanio lo consideraba un partidario de la tendencia omeiana vinculada a Acacio de Cesarea, y lo situaba en clara oposición a la facción semiariana de los omeusiani, la cual se encontraba guiada por figuras como Basilio de Ancira, Giorgio de Laodicea y Eustazio de Sebaste.

El llegada a Antioquía y la crisis doctrinal

En el año 360, tras la elección del ariano Eudossio a la sede de Constantinopla, la importante cátedra de Antioquía quedó vacante. Acacio de Cesarea propició entonces la elección de Melecio para ocupar dicha sede, con el propósito declarado de restablecer la unidad y la paz religiosa en una comunidad profundamente lacerada. En ese momento, el scisma de Antioquía ya llevaba largo tiempo activo, habiendo comenzado con la mencionada deposición de sant'Eustazio en el año 330. La protección inicial ofrecida por Acacio vinculaba formalmente a Melecio con la línea de los obispos de tendencia ariana, pero esta protección resultó insuficiente y contraproducente ante el sector de los fieles que permanecían firmemente fieles a la memoria de Eustazio y al Credo de Nicea.

Al llegar a Antioquía en el año 360, Melecio debió afrontar una dramática situación marcada por la desconfianza y la división. Durante las ceremonias de su insesiamiento, el nuevo pastor pronunció un relevante discurso comentando un pasaje del libro de los Proverbi. En aquella alocución, escuchada atentamente por el propio emperador Costanzo, Melecio expuso con claridad su doctrina acerca de la generación del Verbo, declarándose abiertamente a favor de la fe tradicional. Adhirió de este modo en los hechos al Credo de Nicea, eludiendo agitar disputas innecesarias entre teólogos y rechazando toda fórmula ambigua. Ante esta explícita profesión de fe nicena, los arrianos exigieron con insistencia al emperador Costanzo que apartara al nuevo arzobispo. El mandato imperial se cumplió sin tardanza, Melecio emprendió el camino de regreso a su patria en Melitene, y el ariano Euzoio fue instalado en su lugar en Antioquía.

Destierros y divisiones eclesiales

La comunidad cristiana de Antioquía quedó fragmentada tras el destierro de su pastor, pues los fieles leales a Melecio se negaron terminantemente a entrar en comunión con el intruso Euzoio, al tiempo que tampoco quisieron unirse al grupo de los eustazianos, guiados por el sacerdote Paolino. De este modo se consolidó aquel sector que la historia ecuménica denomina impropiamente el cisma de Melecio. Con el ascenso al poder imperial de Giuliano el Apostata, los obispos que habían sido condenados al exilio obtuvieron el permiso para regresar, lo que permitió a Melecio retornar a la sede de Antioquía en el año 362. En aquel mismo periodo, el patriarca Atanasio de Alessandria también volvió de su destierro e intentó sin éxito restablecer la comunión y la paz entre los melezianos y los eustazianos. Lamentablemente, el paso por la ciudad de Lucifero de Cagliari, quien consagró obispo a Paolino como cabeza de los eustazianos, tornó imposible cualquier acuerdo entre las partes, provocando la cohabitación simultánea de tres obispos en Antioquía: Melecio, Paolino y Euzoio.

Las tensiones continuaron cuando, en el año 363, Atanasio fue convocado a Antioquía por la autoridad imperial e intentó infructuosamente que Melecio entrara en comunión con él. Seguir los consejos inadecuados de algunos allegados llevó a Melecio a rechazar la invitación, mientras que Paolino sí aceptó la comunión con Atanasio, aprovechando la gran influencia de este en la Iglesia de Roma. Pese a este desencuentro, Atanasio mantuvo siempre una actitud noble hacia Melecio hasta su propia muerte acaecida en el año 373. No sucedió lo mismo con el sucesor de Atanasio ni con el papa Damaso, quien albergó profundas reservas hacia Melecio tras recibir denuncias que lo señalaban como supuesto hereje. Buscando la concordia, Melecio convocó un concilio en Antioquía en el año 363, pero la fórmula de fe elaborada en dicha asamblea no logró satisfacer ni a los eustazianos ni a los omeiani. Como consecuencia de estas disputas, los omeiani consiguieron que se emitiera un nuevo mandato de exilio contra Melecio en el año 365, el cual se prolongó hasta el año 367. Esta situación de forzada ausencia impidió que Melecio participara junto a otros obispos orientales en la reconciliación con el papa Liberio durante el año 366, dejando su actuación en aquellos meses envuelta en la oscuridad documental. A este periodo de inestabilidad se sumó un tercer destierro que Melecio debió afrontar en el año 371.

El respaldo de san Basilio y la paz constantinopolitana

En medio de estas prolongadas pruebas, la causa de Melecio encontró un valioso y firme defensor a partir del año 370, cuando san Basilio asumió el obispado de Cesarea de Cappadocia. San Basilio vio en Melecio un inquebrantable pilar de la fe nicena y el único líder capaz de sanar las heridas y restaurar la unidad en la capital oriental. Sabiendo que la postura doctrinal de Basilio alcanzaba un rigor escrupuloso, sus constantes cartas de intercesión dirigidas primero a Atanasio y luego al papa Damaso cobraron enorme peso, a pesar de que inicialmente no surtieron el efecto deseado debido a los informes contrarios enviados a Roma por Pedro de Alessandria.

El panorama eclesiástico experimentó un cambio definitivo tras la muerte del emperador Valente en el año 378 y la llegada al poder de Graciano, quien puso fin a la persecución contra los nicenos. A finales de ese mismo año, Melecio pudo regresar a Antioquía en un clima notablemente favorable. El delegado imperial encargado de restituir los templos y los bienes arrebatados por los arrianos falló a favor de Melecio y en detrimento de Paolino, quien previamente había rechazado los ofrecimientos de paz. Faltaba únicamente consolidar la comunión plena con la Sede Apostólica. Con este fin, Melecio convocó un nuevo concilio en el año 379 que redactó una profesión de fe estrictamente conforme al Credo de Nicea y armónica con las determinaciones del sinodo romano.

La fórmula antiochena aprobada en el año 379 recibió posteriormente la sanción oficial del Concilio de Costantinopoli II ecumenico del 381. Convocado por el emperador Teodosio en mayo de aquel año para tratar diversos asuntos eclesiásticos, entre ellos la confirmación de Gregorio de Nazianzo, el concilio fue presidido por el propio San Melecio. Habiendo admitido el papa Damaso a Melecio en su comunión, el venerable obispo vio finalmente reconocidos todos sus derechos legítimos y su incuestionable ortodoxia ante la Iglesia universal.

Tránsito y legado en la memoria de la Iglesia

La vida terrena de San Melecio concluyó de forma repentina en Costantinopoli en el año 381, poco tiempo después de haber intronizado a Gregorio en la sede constantinopolitana y antes de que concluyeran los trabajos del concilio ecuménico que él mismo presidía. Su fallecimiento repentino no logró apagar las divisiones locales, pues a pesar de las instancias del propio Gregorio de Nazianzo para evitar una nueva fractura, los obispos eligieron a Flaviano mientras se seguía reconociendo a Paolino, prolongándose el cisma en la Iglesia de Antioquía hasta el año 415, por una dilatada duración de ochenta y cinco años.

La ciudad de Costantinopoli despidió al prelado con funerales solemnes y grandiosos, encargando el emperador Teodosio que sus restos mortales fueran trasladados solemnemente a Antioquía, donde reposaron junto a los del mártir san Babila. Varios eminentes pastores honraron su memoria con encomios memorables. San Gregorio de Nissa predicó su oración fúnebre por orden imperial, mientras que san Juan Crisostomo, quien había recibido el bautismo de manos de Melecio y había sido ordenado por él como lector y diácono, pronunció un elocuente elogio en su honor aproximadamente seis años después de su muerte. Asimismo, san Gregorio de Nazianzo recordó a Melecio en su obra poética autobiográfica conocida como el Carmen de Vita sua, expresando sentimientos de profunda admiración y afecto.

Estas unánimes y autorizadas expresiones de san Gregorio de Nissa, san Juan Crisostomo y san Gregorio de Nazianzo garantizan de manera indubitable la absoluta ortodoxia de Melecio a lo largo de su ejercicio episcopal. El culto litúrgico en su honor arraigó profundamente en la tradición de la Iglesia bizantina, cuyos sinassari fijan su memoria el doce de febrero y añaden fechas adicionales el veintitrés o veinticuatro de agosto. Estas últimas jornadas coinciden con mayor precisión con su dies natali, un dato que también preserva el antiguo Calendario Palestino-georgiano del Sinaiticus 34. La veneración hacia el santo trascendió las fronteras grecolatinas y pasó asimismo a formar parte de la Iglesia giacobita. Diversos calendarios siriacos publicados por F. Nau conmemoran a San Melecio el veintidós o veintitrés de septiembre y el once de diciembre, fecha esta última que también aparece atestiguada en el Martirologio de Rabban Sliba. Por su parte, el Sinassario Alessandrino menciona al santo el primer día del mes de amsir, equivalente al veinticuatro o veintiséis de enero, insertándolo en la conmemoración litúrgica del Concilio de Costantinopoli de 381.

Aunque el santo obispo permaneció inicialmente desconocido para los antiguos martirologios medievales de Occidente, su nombre fue introducido formalmente en el Martirologio Romano bajo la fecha del doce de febrero por el cardenal Cesare Baronio, quien se fundamentó en las fuentes eortológicas de la tradición bizantina, adelantándose parcialmente a la inclusión que el hagiógrafo P. Galesini ya había propuesto para la misma jornada.

Preguntas frecuentes

Cuando se festegгает San Melecio de Antioquía?

San Melecio de Antioquía se conmemora principalmente el 12 de febrero, aunque los sinassari bizantinos también recuerdan su memoria el 23 o 24 de agosto.

De qué es patrono San Melecio de Antioquía?

Las fuentes históricas y biográficas proporcionadas no mencionan ningún patronato específico asignado a este santo.

Conmemoración de san Melecio, obispo de Antioquía, que por su fe nicena fue repetidamente mandado al exilio y luego, mientras presidía el Concilio Ecuménico Constantinopolitano I, pasó al Señor; de él san Gregorio de Nisa y san Juan Crisóstomo celebraron las virtudes con sumos elogios. — Martirologio Romano