18 de febrero
Santi Juan Pedro Neel, Martín Wu Xuesheng, Juan Zhang Tianshen y Juan Chen Xianheng
Mártires
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vocación de Juan Pedro Néel
Saint Jean-Pierre Néel nació el 18 de octubre de 1832 en Sainte-Catherine-sur-Riviere, situada en la diócesis de Lione, durante el XIX siglo. Desde los momentos posteriores a su primera comunión, manifestó de manera clara a sus padres el profundo deseo de convertirse en sacerdote para servir al altar. Su madre le brindó una ayuda fundamental para aprender las nociones básicas del idioma latino bajo la guía del vicario d'Aubepin. Posteriormente, continuó su formación en los seminarios ubicados en Montbrison y Argentière. Tanto sus superiores como sus propios compañeros de estudios lo describieron siempre como un joven tranquilo, de carácter muy mite y poco aparatoso dentro de la vida comunitaria. A lo largo de los años dedicados a su preparación para el sacerdocio, maduró de forma definitiva la inspiración de consagrarse por entero como misionero en tierras lejanas.
Con este firme propósito en su corazón, en el año 1855 formalizó su solicitud de admisión en el renombrado seminario de las Misiones Estere di Parigi. Su petición fue acogida favorablemente, lo que motivó su viaje a la capital francesa en el mes de octubre de ese mismo año. Su madre, que abrigaba la esperanza de verle pastorear una parroquia local cercana al hogar familiar, enfermó de gravedad al enterarse de su inminente partida. Saint Jean-Pierre Néel le escribió una carta provista de gran resolución y afecto para consolarla y explicarle los motivos profundos de su vocación apostólica. En otra misiva posterior, profundizó en sus explicaciones maternales destacando el valor infinito que posee un alma humana frente a todas las riquezas terrenas, habiendo sido rescatada por la preciosa pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
El viaje y la llegada a China
Tras completar su rigurosa formación teológica, recibió la sagrada ordenación presbiterale en el mes de abril de 1858. Inmediatamente después de recibir este sacramento fundamental, escribió de nuevo a su madre encomendándose a sus oraciones para sostener adecuadamente su ministerio y sus incipientes virtudes apostólicas. El día 29 de agosto de 1858, Padre Néel se embarcó formalmente en el puerto de Burdeos con destino a Cantón, en la lejana China. Tras una larga y fatigosa travesía marítima que se prolongó durante siete meses exactos, arribó finalmente a Cantón. Desde allí, en compañía de otros fervorosos sacerdotes y compañeros, logró penetrar en la región del Kouy-tcheou, debiendo sortear innumerables dificultades materiales provocadas por la severa anarquía derivada de la guerra entre China y Francia.
A su llegada a Kouy-yang, que servía como capital de la provincia, se dedicó con inmensa aplicación al estudio sistemático de la compleja lengua y de los particulares usos culturales chinos. Gracias a sus notables capacidades intelectuales y espirituales, obtuvo con rapidez un distrito propio que le fue asignado para llevar a cabo la obra de la evangelización. Su natural dulzura de espíritu conquistó rápidamente los corazones tanto de los fieles creyentes como de aquellos que aún no conocían la fe cristiana. En el mes de diciembre de 1861, monseñor Faurie, quien ejercía como vicario apostólico de la vasta región, confió a Padre Néel la misión pastoral de visitar una comunidad familiar en Kia-cha-long que había sido debidamente preparada para recibir el bautismo por los catequistas locales.
Los compañeros de misión: Martín, Juan Zhang y Juan Chen
La misión en Kia-cha-long se enriqueció con la presencia y la historia de hombres valientes que abrazaron el Evangelio con total sinceridad. Martín Wu Xuesheng había nacido en Chuchangbo alrededor del año 1815 en el seno de una familia de arraigadas costumbres cristianas. Al cumplir los veinte años de edad, contrajo matrimonio según las costumbres de su tiempo. Sin embargo, con el paso de los años, la esposa de Martín Wu Xuesheng decidió abandonarle de manera inesperada. Martín recurrió a todos los medios posibles y razonables a su alcance para tratar de reconducir a su esposa por la senda de la recta convivencia. Al comprobar que sus esfuerzos resultaban infructuosos y de común acuerdo con los misioneros presentes, optó por la separación definitiva para entregarse por entero al servicio divino. Martín se consagró por completo a la labor de la catequesis, a la paciente difusión de libros de contenido religioso y a la incansable búsqueda de niños en peligro de muerte para administrarles el bautismo con urgencia salvadora.
Por su parte, Giovanni Zhang Tianshen había visto la luz en el año 1805 precisamente en Kia-cha-long, donde ejercía humildemente como un pequeño comerciante local. Giovanni Zhang Tianshen contrajo matrimonio en dos ocasiones sucesivas y de estas uniones nacieron una quincena de hijos, los cuales fallecieron casi en su totalidad durante su más tierna infancia. Profundamente golpeado en sus afectos más caros y humanos, adoptó temporalmente el estado de los bonzi buscando consuelo espiritual. Más adelante, se integró en la conocida secta local de los digiunadores. Fue entonces cuando un cristiano instruyó pacientemente su espíritu en las verdades fundamentales de la fe católica. Convertido en fervoroso catecúmeno, comenzó a trabajar activamente para dar a conocer la doctrina cristiana a sus familiares y allegados.
El cuarto miembro de este grupo martirial, Giovanni Chen Xianheng, había nacido en el seno de una familia pagana en Tchen-tou hacia el año 1820. Al cumplir los treinta años de edad, se desplazó a la ciudad de Kouy-yang para resolver diversos asuntos comerciales de su familia. A raíz de varias conversaciones profundas que mantuvo con algunos fieles cristianos, tomó la valiente decisión de convertirse a la fe católica. En un principio, prestó sus servicios profesionales junto a los misioneros destinados en Gan-chouen, desempeñando las labores de farmacéutico y ayudante en la administración del bautismo. Con posterioridad, las autoridades eclesiásticas le enviaron directamente a la localidad de Kia-cha-long para prestar una valiosa ayuda pastoral al Padre Néel.
La tensión en el villaje y el cerco de la persecución
Al llegar el misionero a Kia-cha-long, encontró numerosas familias y mujeres debidamente dispuestas y preparadas para su conversión al catolicismo. El número total de los nuevos neofitos creció de manera notable hasta alcanzar la cifra aproximada de cincuenta personas bautizadas. Esta progresiva y rápida expansión de la fe generó una fuerte alarma entre las autoridades locales, las cuales comenzaron a proferir graves amenazas orientadas a encarcelar a los neofitos. Monseñor Faurie dejó constancia documental de que el general Tien-Ta-jen había emitido órdenes secretas dirigidas a los mandarines locales para llevar a cabo la masacre de todos los misioneros, a quienes las autoridades civiles consideraban injustamente como peligrosos cabecillas de revueltas y rebeliones.
Hacia la mitad del mes de febrero del año 1862, la presencia amenazante de diversas spie civili comenzó a notarse en los alrededores del tranquilo pueblo de Kia-cha-long. Como primera y violenta advertencia de la inminente persecución desatada contra los cristianos, el jefe de la guardia nacional ordenó la ejecución sumaria de un neofito local. El domingo 16 de febrero, ante la gravedad de los acontecimientos, Padre Néel redactó una carta dirigida al obispo en la cual manifestaba su firme intención de permanecer en el lugar para sostener espiritualmente a los neofitos, desestimando la opción de huir hacia la capital provincial. Ese mismo día en que escribió la misiva, su propio anfitrión y neofito de mayor edad, Giovanni Tchang, recibió las aguas del bautismo en una ceremonia llena de emoción.
El arresto violento y el traslado a Kay-tcheou
Dos días más tarde de aquella decisión pastoral, alrededor de las cuatro de la tarde, un centenar de integrantes de la guardia nacional que obedecían las órdenes directas de los mandarines montados a caballo irrumpieron por sorpresa en el poblado. Los soldados rodearon de forma repentina e imprevista la modesta vivienda perteneciente al neofito Giovanni Zhang Tianshen. En el interior de dicha casa se encontraban alojados el sacerdote misionero, el fiel catequista Martino Wu Xuesheng, otro catequista colaborador y el ciudadano Giovanni Chen Xianheng. Todos ellos fueron detenidos de manera violenta y apresuradamente ammanettati por la soldadesca enfurecida. La humilde habitación quedó inmediatamente abandonada al pillaje y al saqueo absoluto por parte de los agresores.
Para aumentar la humillación pública, el sacerdote misionero fue atado vergonzosamente por los cabellos directamente a la cola de un caballo. De este modo tan cruel, el padre fue arrastrado junto con los otros tres prisioneros laicos a lo largo del camino hasta llegar a la vecina y hostil ciudad de Kay-tcheou. Una vez conducidos ante las autoridades locales, los cuatro cristianos fueron sometidos de inmediato a un riguroso interrogatorio oficial. El mandarín encargado del juicio preguntó al misionero acerca de su identidad personal. El sacerdote respondió con dignidad que en aquel lugar le llamaban Ouen y que su apellido legítimo en lengua francesa era Néel. Acto seguido, el magistrado le ordenó con soberbia que se pusiera de rodillas imitando la postura de los demás detenidos.
El interrogatorio y la firmeza ante el juez
Ante la in justa exigencia del tribunal, el misionero replicó con valentía que él no pertenecía a la nación china, sino que había llegado procedente de Francia con la explícita misión de predicar la sagrada religión al amparo de los tratados vigentes entre ambos imperios. El sacerdote se negó categóricamente a arrodillarse, declarándose a sí mismo como un huésped extranjero y no como un reo culpable de delitos comunes. La reacción de la soldadesca no se hizo esperar: un soldado golpeó violentamente al religioso por la espalda utilizando una silla de madera, provocando su aparatosa caída sobre el suelo del tribunal. Lejos de amilanarse, el sacerdote se incorporó con presteza apoyándose sobre sus rodillas con el fin de presentar el pasaporte oficial del que estaba regularmente provisto para su legación.
El mandarín examinó el documento y declaró cínicamente que conocía perfectamente aquel pasaporte, añadiendo que había sido expedido por su propio gobierno extranjero y no por las autoridades del imperio chino. Tras este argumento, el magistrado planteó una condición inexorable para salvar sus vidas: la renuncia total y pública a la religión católica bajo la pena inminente de muerte. El intrépido misionero rechazó la propuesta sin vacilar un instante, afirmando con entereza que podían matarle si tal era su deseo. El mandarín sentenció entonces que su petición sería cumplida en breve plazo, y dirigió la misma pregunta a los tres prisioneros laicos, exigiéndoles que abjuraran de su fe cristiana.
La respuesta de los tres compañeros fue unánime y resonó con fuerza en la sala del tribunal: exclamaron al unísono la frase rotunda de "Mai, mai". Tras estas palabras de absoluta fidelidad, el mandarín redactó apresuradamente la sentencia formal en la cual declaraba haber descubierto una supuesta conspiración antes de que esta estallara, justificando de este modo la aplicación de la pena capital a sus supuestos autores. Los condannati fueron despojados de sus vestiduras habituales mientras se encaminaban hacia el lugar señalado para la ejecución, rezando fervorosamente con las manos fuertemente atadas a la espalda. En esos momentos trágicos, los familiares de Giovanni Zhang Tianshen se acercaron para suplicarle con lágrimas que apostatara de la fe para salvar su vida. El fiel laico respondió a sus parientes con firmeza que su padre espiritual no albergaba temor alguno ante la muerte y que él deseaba morir fielmente a su lado.
El martirio supremo en Kay-tcheou
El sitio elegido para la ejecución se iluminó tenuemente con antorchas de bambú debido a la hora avanzada. El verdugo cumplió su cometido decapitando sin piedad al valiente sacerdote misionero y a los dos primeros catequistas. Sin embargo, el verdugo decidió perdonar temporalmente la vida del cuarto prisionero, Giovanni Chen Xianheng, abrigando la esperanza de que las promesas de riquezas y bienes terrenales ofrecidas por algunos conocidos lograran inducirle a la retratación. Lejos de ceder a las tentaciones materiales, Giovanni Chen Xianheng replicó con firmeza que no deseaba poseer ninguna otra cosa que no fuera la eterna herencia prometida en el cielo. De este modo, también Giovanni Chen Xianheng culminó su existencia terrena sufriendo exactamente la misma gloriosa suerte que sus amados compañeros.
Para escarnio público y como advertencia a la población, las cabezas cortadas de los mártires fueron suspendidas en lo alto sobre los antiguos bastiones de la ciudad. Los cuerpos inertes de los mártires terminaron tristemente abandonados y sirvieron de alimento para las bestias feroces que merodeaban la zona. No obstante la crueldad de su fin, el testimonio de estos cuatro hombres trascendió los límites del tiempo. Giovanni Pietro Néel, Martino Wu Xuesheng, Giovanni Zhang Tianshen y Giovanni Chen Xianheng fueron solemnemente beatificados por el Papa San Pio X el día 11 de abril de 1909. Años más tarde, fueron elevados a los altares de la Iglesia mediante su canonización oficial presidida por San Juan Pablo II el 1 de octubre del año 2000, integrados en un grupo mayor compuesto por un total de 120 mártires que entregaron su sangre por Cristo en China. El martirio glorioso de estos testigos de la fe tuvo lugar de forma definitiva en Kaiyang, situado en la provincia de Guizhou, en China, el 18 de febrero de 1862, fecha que hoy perpetúa su memoria en la liturgia universal de la Iglesia católica.
Su camino de fe
La historia de San Juan Pedro Neel es el relato de un hombre que supo abandonar la seguridad de su tierra natal para seguir el llamado de Dios hasta los confines del mundo. Tras su ordenación sacerdotal en 1858, comprendió que su labor pastoral se desarrollaría en la misión de China. Al llegar a la región de Kouy-tcheou, se dedicó con humildad y esmero a la tarea misionera, compartiendo su fe con las comunidades locales. Durante este tiempo, trabajó codo a codo con valiosos colaboradores chinos, hombres sencillos que compartían su misma convicción profunda y su deseo de anunciar el Evangelio en un entorno hostil.
La trayectoria de este grupo se vio truncada por la persecución religiosa. En el año 1862, fueron arrestados en Kia-cha-long bajo la acusación del mandarino local, quien veía en su actividad una amenaza a las costumbres del lugar. A pesar de las presiones y la inminente condena, el sacerdote y sus tres compañeros catequistas, Martín Wu Xuesheng, Juan Zhang Tianshen y Juan Chen Xianheng, se mantuvieron firmes en sus creencias. Su muerte, ocurrida en Kaiyang el 18 de febrero, no fue un acto de desesperación, sino la culminación de una vida entregada por completo a Dios. Aquel evento trágico se convirtió en un símbolo de fortaleza, recordándonos que la fe, cuando es vivida con autenticidad, trasciende las fronteras y las épocas, permaneciendo como un faro de esperanza para todos los cristianos que enfrentan desafíos en su propio camino de vida.
El culto y la memoria
La Iglesia celebra la memoria de estos santos mártires el 18 de febrero, recordando el sacrificio de San Juan Pedro Neel junto a sus compañeros chinos. Este culto, consolidado a través del tiempo, alcanzó un momento culminante el 1 de octubre del año 2000, cuando el Papa Juan Pablo II procedió a su canonización solemne. Desde entonces, su figura es venerada universalmente como un ejemplo de perseverancia y abnegación.
Honrar a estos mártires es una invitación a reflexionar sobre la universalidad de la Iglesia y la importancia de la fraternidad en la fe. La unión de un sacerdote europeo con catequistas chinos en el martirio subraya que la gracia de Dios no conoce distinciones de origen ni de cultura. Al recordarlos, la comunidad cristiana mantiene viva la memoria de quienes, con sencillez y valentía, dieron testimonio de su amor por el Señor, convirtiéndose en intercesores cercanos para los fieles que hoy buscan vivir su propia fe con la misma coherencia y entrega.
Preguntas frecuentes
Cuándo se celebra la memoria litúrgica de los santos mártires de China?
La memoria litúrgica de los santos mártires Juan Pedro Néel y sus compañeros se celebra el 18 de febrero.
Dónde ocurrió el martirio de estos santos?
El martirio tuvo lugar en la localidad de Kaiyang, situada en la provincia de Guizhou, en China, el 18 de febrero de 1862.
En la ciudad de Guizhou, también en China, san mártir Juan Pedro Néel, sacerdote de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París, que, acusado de haber predicado la fe, atado a la cola de un caballo y arrastrado en una violenta carrera, golpeado con toda clase de escarnios y suplicios, murió al final decapitado. Con él sufrieron el suplicio también los santos mártires Martín Wu Xuesheng, catequista, Juan Zhang Tianshen, neófito, y Juan Chen Xianheng. — Martirologio Romano