Santa Luisa de Marillac, nacida en Le Meux, Francia, el doce de agosto de mil quinientos noventa y uno, es recordada como una figura fundamental en la historia de la caridad cristiana durante el siglo XVII. Proveniente de una familia agiada, combinó desde su fanciullezza una sólida formación intelectual con la habilidad en los trabajos domésticos. En su juventud experimentó un profundo deseo de vida religiosa que no pudo concretarse por motivos de salud, lo que la condujo al matrimonio y a la maternidad. Tras enviudar en mil seiscientos veinticinco, halló la libertad espiritual para entregarse por entero a los más necesitados. Su encuentro decisivo con Saint Vincent de Paul marcó el rumbo definitivo de su existencia fecunda en obras de misericordia.
Junto a Saint Vincent de Paul fundó la Congregación de las Hijas de la Caridad, abriendo caminos inéditos para la vida consagrada femenina al unir la contemplación y la acción directa en el mundo. La ciudad de Parigi fue testigo de su celo infatigable en la asistencia a los enfermos, ancianos, niños abandonados y galeotti. Su legado perdura a través de los siglos como modelo de entrega total a Dios en la persona de los pobres. Fue beatificada el nueve de mayo de mil novecientos veinte y canonizada el once de marzo de mil novecientos treinta y cuatro por Papa Pio XI, dejando una huella imborrable de santidad y amor al prójimo.