27 de julio
Beato Felipe Hernández Martínez
Clérigo salesiano, mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La infancia y la vocación
Felipe Hernández Martínez nació en Villena, en las cercanías de Alicante, el 14 marzo 1913. Creció en el seno de una humilde familia de agricultores, manifestando desde joven un carácter inquieto y talvolta ribelle. A la edad de nueve años, su vida dio un rumbo decisivo al ingresar en la escuela de los Salesianos en su ciudad natal. Durante la frecuencia de las escuelas elementales, su corazón maduró la llamada divina a consagrarse a Dios entre los hijos de san Giovanni Bosco. Siguiendo este profundo anhelo espiritual, en el otoño de 1924 ingresó en el Seminario de Campello, donde tuvo como rector al sacerdote don Recaredo de los Rios Fabregat. Continuó su camino formativo cuando en el año 1929 compitió el noviziato en Girona, dando un paso fundamental en su consagración al emitir sus votos religiosos el 1 de agosto de 1930. Al término de sus estudios de Filosofía, fue enviado a realizar el trienio de tirocinio práctico a Ciudadela, en la isla de Minorca.
El educador y los primeros años de apostolado
En su labor como educador en Ciudadela, uno de sus alumnos lo describió con afecto como una persona alegre, espansiva y plenamente capaz de contagiar a los niños con su propio dinamismo. Su celo apostólico se manifestaba en detalles prácticos, como el compromiso constante para que los niños aprendieran a servir la Misa de manera decorosa y adecuada. Quienes lo conocieron lo definieron como el clérigo ideal, un joven que atraía a los demás tanto por una religiosidad vivida de forma auténtica como por el modo afectuoso y delicado con que trataba a todas las personas. Con el deseo de profundizar en su preparación ministerial, en el mes de octubre de 1935 se trasladó a Carabanchel Alto, en las proximidades de Madrid, con el propósito de iniciar los estudios de Teologia y avanzar hacia la plenitud del sacerdocio.
Los tiempos de prueba en Cataluña
En el transcurso del verano de 1936, Felipe se desplazó para disfrutar de las vacaciones en el instituto salesiano de Sarriá, situado cerca de Barcellona. Sin embargo, a causa del estallido de la guerra civile spagnola y de la violenta persecución religiosa que la acompañó, el instituto fue clausurado de inmediato y la comunidad religiosa se vio obligada a disolverse. Ante aquella situación de peligro, Felipe se dirigió a una posada ubicada en la calle Diputación, encontrando refugio junto al coadiutore Jaime Ortiz Alzueta y a un alumno de la escuela. En la misma posada se encontraba alojado también un hermano del joven estudiante. Conscientes de la gravedad de los acontecimientos, los religiosos se ponían frecuentemente en contacto con otros salesianos con el fin de obtener noticias importantes sobre el desarrollo de los hechos. Con el paso de los días, se hizo evidente que la situación era sumamente peligrosa para cualquier persona identificada como religiosa.
El testimonio supremo y el martirio
Durante aquellos días difíciles, los momentos que pasaban en el interior de la casa los dedicaban por completo a la oración constante. Asimismo, lograron localizar la vivienda de un capellán, a la cual acudían con frecuencia para poder asistir a la Santa Misa y recibir el sacramento de la confesión. Cuando alguien le hizo notar que semejante comportamiento resultaba imprudente dadas las circunstancias, Felipe respondió con firmeza que prefería ver la muerte cara a cara antes que caer atrapado como en una ratonera. La noche del 27 julio de 1936, la posada fue objeto de una minuciosa perquisición. Como resultado de esta incursión, Felipe, Jaime y otro clérigo que había llegado al lugar poco antes, Zacarías Abadía Buesa, fueron arrestados por los milicianos. Sometido a un riguroso interrogatorio, el joven Felipe, de veintitrés años, declaró con valentía ser un religioso salesiano. Explicó además que su sagrada misión consistía en educar a los jóvenes obreros por la cantidad de dos pesetas al día, para que pudieran ganarse honradamente el sustento diario. Tras sufrir diversas formas de tortura, entregó su vida y fue asesinado aquella misma noche.
El proceso de beatificación
El reconocimiento oficial de su sacrificio se insertó dentro de una amplia causa de martirio encabezada por don José Calasanz Marqués. Dicha causa abarcaba en total a treinta y dos salesianos pertenecientes a la Inspectoría Tarragonense, a dos religiosas de las Hijas de María Auxiliadora y al propio don Recaredo de los Rios Fabregat. El proceso informativo diocesano dio comienzo el 15 diciembre 1953 y concluyó formalmente el 10 octubre 1955. Posteriormente, el decreto sobre los escritos del siervo de Dios fue promulgado el 15 noviembre 1962, mientras que la validación formal del proceso informativo se alcanzó el 28 febrero 1992. En el año 1995 se presentó la Positio super martyrio, un documento fundamental que fue examinado rigurosamente por los consultores teólogos el 23 febrero 1999 y, más adelante, por los Cardenales y los Obispos de la Congregación de las Causas de los Santos el 1 diciembre 1999. El 20 diciembre 1999, el Papa san Giovanni Paolo II autorizó a la Congregación la promulgación del decreto de martirio para los treinta y dos salesianos. Finalmente, el pontífice san Giovanni Paolo II procedió a su solemne beatificación el 11 marzo 2001, junto con otras doscientas treinta y tres víctimas de aquella misma persecución.
Su camino de fe
La vida del beato Felipe Hernández Martínez comenzó en la localidad de Villena en el año 1913. Desde muy joven, sintió el llamado del Señor, lo que le llevó a ingresar entre los salesianos en 1924, con apenas once años de edad. Este paso marcó el inicio de un camino de formación y crecimiento espiritual que culminaría con la emisión de sus votos religiosos el primero de agosto de 1930. A lo largo de los años siguientes, su labor y su presencia lo llevaron a transitar por diversos lugares de España, incluyendo Campello, Girona, Ciudadela y Carabanchel Alto, donde consolidó su identidad como clérigo y su compromiso con la misión salesiana.
A pesar de la juventud que lo caracterizaba, Felipe demostró una madurez espiritual profunda, cultivada en la oración y en la vida comunitaria. Su existencia estuvo marcada por el deseo de seguir los pasos de su fundador y servir a los jóvenes con el espíritu de entrega que caracteriza a su congregación. La etapa final de su vida transcurrió en Barcelona, donde la situación política y social de la época se tornó especialmente hostil hacia la fe cristiana. Fue en esa ciudad donde fue arrestado a causa de su condición de religioso. Mantuvo su fidelidad hasta el último instante, siendo asesinado por causa de su fe el 27 de julio de 1936. Su sacrificio no fue un final, sino el cumplimiento de una entrega que había comenzado años atrás, al ofrecer su vida entera al servicio del Señor y de los hombres.
El recuerdo del mártir
El testimonio del beato Felipe Hernández Martínez ha dejado una huella indeleble en la familia salesiana, que lo honra como un ejemplo de coherencia y amor a Cristo. Su beatificación, realizada por el papa Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001, supuso un reconocimiento oficial de su martirio, elevando su figura a los altares para la veneración de los fieles. Este acto no solo honra su memoria personal, sino que celebra la fortaleza de tantos otros que, como él, no dudaron en dar testimonio de su fe en tiempos de persecución.
La Iglesia celebra su memoria litúrgica el 22 de septiembre, junto a otros mártires salesianos de la guerra civil española, uniendo su recuerdo al de aquellos que compartieron su mismo destino. Su vida, aunque breve en años, permanece como un faro de esperanza y un recordatorio constante de que el amor a Dios trasciende cualquier límite humano. Los fieles que se acercan a su historia encuentran en Felipe un intercesor que, desde la presencia de Dios, nos alienta a vivir nuestra fe con la misma sencillez y determinación que él mostró en el siglo veinte.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia el beato Felipe Hernández Martínez?
Se celebra el 27 julio, mientras que la Famiglia Salesiana recuerda a los mártires de la persecución española el 22 septiembre.
En Barcelona, también en España, beatos Felipe Hernández Martínez, Zacarías Abadía Buesa y Jaime Ortíz Alzueta, religiosos de la Sociedad Salesiana y mártires, que padecieron el martirio también en la misma persecución. — Martirologio Romano