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16 de febrero

Beato Giuseppe Allamano

Sacerdote, Fundador

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y formación sacerdotal

Nace en Castelnuovo Don Bosco, en la provincia de Asti, el 21 enero 1851. Este origen lo vincula geográficamente con figuras insignes de la santidad piamontesa, siendo concittadino de San Giovanni Bosco y de San Giuseppe Cafasso. Los lazos familiares y eclesiales marcan profundamente su infancia y juventud, destacando de manera especial el parentesco que lo une a San Giuseppe Cafasso, quien es su tío materno y una referencia constante para su desarrollo espiritual y teológico. Su vocación madura en el clima religioso de su tierra natal, lo que le permite ingresar en los caminos del ministerio eclesiástico con una sólida preparación interior. Es ordenado sacerdote a Torino a la edad de veintidós años, consagrando desde ese momento su juventud al servicio de la Iglesia. Con un afán intelectual notable, prosigue sus estudios superiores y se laurea en teología a la edad de veintitrés años, adquiriendo los instrumentos doctrinales necesarios para las tareas de gobierno y dirección espiritual que le serán confiadas muy pronto en su vida.

Gobierno en el santuario y en el Convitto

Su capacidad de liderazgo y su madurez espiritual se manifiestan tempranamente cuando, a los veinticinco años, es nombrado director espiritual del seminario, guiando a las jóvenes vocaciones con prudencia y firmeza. Poco después, a los veintinueve años, asume el delicado cargo de rector del santuario della Consolata a Torino, al tiempo que asume también la dirección del Convitto ecclesiastico para los neosacerdotes. Al llegar a estos destinos, encuentra una situación material y espiritual compleja, pues halla el santuario de la Consolata por reorganizar y restaurar, mientras que el Convitto ecclesiastico se encuentra sumido en una crisis gravísima. Gracias a fatiche continue, logra revitalizar por completo el santuario y hace rifiorire el Convitto, restaurando la disciplina y el fervor en los jóvenes sacerdotes. En este empeño, actúa como un excepcional formatore de caratteri y maestro de doctrina y de vida, siguiendo fielmente la estela espiritual trazada por su tío, San Giuseppe Cafasso. Su magisterio insiste con firmeza en la necesidad de una profunda preparación intelectual y espiritual, repitiendo bíblicamente a sus seguidores que el sacerdote ignorante es fuente de tristezza y desolazione para el pueblo.

Fundación de las misiones

Durante su ministerio en el Convitto, nota que muchos sacerdotes recién ordenados que salen de los seminarios desean ardientemente convertirse en misioneros, pero se encuentran con que sus propias diócesis se lo impiden. Observa con dolor que las diócesis ofrecen dinero a las misiones pero no conceden los hombres necesarios para la evangelización directa. Ante esta carencia, decide fundar un instituto apposito para los misioneros y trabaja intensamente en este proyecto durante años. Su noble iniciativa recibe inicialmente apreciaciones en Roma, pero pronto se ve bloqueada por ostacoli y contrattempi que se prolongan durante diez largos años. Durante este tiempo de prueba, demuestra una virtud heroica, pues atiende y trabaja con grandissima pazienza, confiando ciegamente en la ayuda divina. Finalmente, su perseverancia da frutos cuando obtiene el primer asenso vescovile para el Istituto dei Missionari della Consolata en el año 1901. La expansión apostólica no se hace esperar, y en el año 1902 parte la primera spedizione de missionari con destino a Kenia. Ocho años después de haber dado vida a la fundación masculina, nacen también las Suore Missionarie della Consolata, completando así la gran obra misionera que Dios le había inspirado.

Celo por la universalidad de la Iglesia

Su celo desbordante no se limita a la gestión de sus institutos, sino que siente la profunda necesidad de scuotere l'intera Chiesa riguardo all'urgente dovere dell'evangelizzazione. En el año 1912, uniendo sus fuerzas a las de otros directores de institutos misioneros, denuncia formalmente a Papa Pio X la ignorancia de los fieles sobre la causa de las misiones. En aquel coloquio con el Pontífice, denuncia también la insensibilidad diffusa en la jerarquía eclesiástica respecto a la propagación de la fe, pidiendo al Papa que intervenga con autoridad contra esta deficiencia. Con visión profética, propone al Papa instituir una jornada missionaria annuale que cuente con el obbligo de predicación sobre el deber fundamental de propagar la fe cristiana en todo el mundo. Aunque esta propuesta concreta decae temporalmente debido al declino de las fuerzas de Papa Pio X y al posterior estallido de la guerra en los Balcanes, su intuición no cae en el vacío. Posteriormente, Papa Pio XI Ratti retomará y realizará la idea, instituyendo en el año 1927 la Giornata missionaria mondiale, pocos meses después de la muerte del santo fundador. Los frutos de su visión se multiplican con los años, de modo que sus misioneros y misioneras superan las dos mil unidades al finalizar el siglo XX, estando presentes en veinticinco países repartidos en cuatro continentes.

Promoción humana y pedagogía evangélica

En vida, tanto él como su fiel vicario Giacomo Camisassa sufren incomprensiones y críticas por parte de algunos sectores, siendo censurados por dar demasiada importancia al trabajo material en las misiones. Se le reprocha específicamente el hecho de curar la enseñanza de los oficios más que centrarse en las estadísticas triunfales de los bautismos. Lejos de desanimarse, persegue el Vangelo y la promoción umana con una pasión inquebrantable y una gran capacidad operativa, resumiendo su visión en el célebre lema «Fare bene il bene». En coherencia con este principio, exige que sus religiosos no solo sean hombres de oración, sino también esperti en ciencias profanas, aprendiendo oficios y técnicas útiles para el desarrollo de los pueblos que evangelizan. Esta intuición genial sobre la importancia de las ciencias profanas en la labor apostólica anticipa con décadas las orientaciones del Concilio Vaticano II y de la constitución Gaudium et spes. Su vida terrenal concluye en Torino el 16 febbraio 1926, dejando un legado imperecedero de santidad apostólica. El Martirologio Romano lo recuerda en Torino como un sacerdote dallo zelo instancabile y como el piadoso fundador de las dos Congregaciones de las Missioni della Consolata, cuya memoria sigue viva en la Iglesia universal.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia il Beato Giuseppe Allamano?

Su memoria litúrgica se celebra cada año el 16 de febrero, fecha que coincide con el día de su tránsito terrenal en la ciudad de Torino.

En Turín, beato Giuseppe Allamano, sacerdote, que, animado por incansable celo, fundó dos Congregaciones de las Misiones de la Consolata, una masculina y otra femenina, para la difusión de la fe. — Martirologio Romano