La solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, que la Iglesia conmemora cada otoño, nos invita a contemplar el misterio de la redención a través del máximo símbolo del amor divino. Esta celebración litúrgica arraiga sus orígenes en los acontecimientos históricos que devolvieron al mundo cristiano la reliquia más preciada de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, transformando el antiguo instrumento de suplicio en un árbol de vida eterna y de victoria sobre la muerte.
La memoria de este día está íntimamente ligada al hallazgo de la madera sagrada en el siglo IV, un acontecimiento que conmovió a la cristiandad y que nació del empeño de una madre entregada a la búsqueda de las huellas de la salvación. A través de esta fiesta, la Iglesia no glorifica el sufrimiento en sí mismo, sino la entrega voluntaria y redentora de Cristo, quien en el madero reconcilió al ser humano con el Creador.