Los Santos Mártires Coreanos, encabezados por el joven presbítero Andrés Kim Taegon y el laico Pablo Chong Hasang, representan la aurora de una Iglesia nacida del testimonio de la sangre. En el siglo XIX, el territorio de Corea fue escenario de una rigurosa persecución contra la fe cristiana, donde estos ciento tres creyentes prefirieron la entrega de sus vidas antes que renegar del Evangelio. Su heroica fidelidad sembró las semillas del catolicismo en una tierra que intentaba cerrarse a la luz de la verdad divina.
Recordamos de manera especial al padre Andrés Kim Taegon, primer sacerdote nativo de Corea, quien junto a sus ciento un compañeros laicos y religiosos, encarna el valor de una comunidad joven pero madura en el amor a Cristo. Su conmemoración anual nos invita a contemplar la fuerza del Espíritu Santo, que sostiene a los débiles y transforma el suplicio en un testimonio glorioso de esperanza eterna para toda la Iglesia universal.